sábado, 26 de febrero de 2011

Pincelada: El patito feo

“Sentirse patito feo“. = Estar acomplejado y verse a sí mismo como alguien carente de atractivo. También: tener la sensación de no sentirse aceptado por las personas de su entorno. El patito feo es un cuento del escritor y poeta danés, Hans Christian Andersen (1805 – 1875). Esta deliciosa historia va mucho más allá que un simple relato para niños. Trata de la importancia que muchos le dan al aspecto exterior (sin tener en cuenta otros valores más importantes) y de que los menos agraciados tienen la percepción de que no se les quiere, de que no se les acepta, lo que les conduce a la automarginación. El patito feo sale de un huevo que ha incubado mamá pata, pero no se parece en nada a sus hermanitos, todos tan lindos y amorosos, con su suave pelusilla. Él, sin embargo, es gris y desgalichado, por lo que todos se burlan de él. Nuestro patito se escapa lejos de la maldad y de los escarnios de los demás habitantes del corral. Está triste y se esconde en los matorrales huyendo del desdén de los demás. Hasta que un día, pasado el frío invierno, al meterse en el lago para nadar ve su imagen reflejada en el agua y no puede dar crédito a sus ojos: se ha convertido en un joven y bello cisne blanco que, a partir de ese momento, será admirado por todos por su elegancia y donaire.
El patito feo es una parábola sobre la crueldad de la gente, sobre lo terrible que puede ser la vida del que se siente despreciado por ser distinto de los demás. El “ser distinto” lo podríamos aplicar no sólo al físico sino también al color de la piel, a la forma de hablar, a alguna minusvalía. Por eso, la moraleja del “patito feo” cobra hoy una importancia que no tenía cuando Hans Christian Andersen escribió el cuento y es de una apabullante modernidad. La importancia de la belleza física en la sociedad actual y el culto al cuerpo son fenómenos con los que nos vemos confrontados día a día cuando abrimos las páginas de una revista o sintonizamos algún programa de televisión. Vivimos en una época en la que la belleza lo es todo, o al menos eso es lo que nos intenta hacer creer la publicidad cuando nos muestra señoras y señores con cuerpos diez, sin tener en cuenta el daño que pueden causar a la mayoría de chicas y chicos “del montón”. El culto al cuerpo se ha convertido en un rasgo característico de nuestra sociedad de consumo y para conseguir el “look” perfecto muchas jóvenes están dispuestas a ponerse en manos de un cirujano y cambiar a base de bisturí lo que la naturaleza no les concedió: una nariz respingona, unos senos tres tallas más grandes o unos labios como los de Penélope Cruz. No se dan cuenta de que la belleza tiene que emanar del interior, de la armonía entre cuerpo y espíritu. Por muchas operaciones a las que se sometan esas chicas, de poco les servirán si la imagen que tienen de sí mismas sólo se basa en su aspecto exterior. Se olvidan de que un patito feo puede llegar a parecer un cisne a los ojos de los demás si éste tiene buen corazón, si su conversación es culta y amena, si irradia seguridad en sí mismo. Todos podemos ser patitos feos y sólo nuestra propia autoestima será capaz de poner las cosas en su sitio.

2 comentarios:

  1. HERMOSO CUENTO, GRACIAS POR COMPARTIRNOS LOS CUENTOS CON VALORES Y MENSAJES, NUESTROS PEQUES SE LOS AGRADECEN DLB. MA. DEL ROSARIO

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  2. wow me encanta este cuento es espectacular y tiene algo muy especial para mi.. dios bendiga al creador del cuento y me a encantado compartir con ud este hermoso cuento llamado el patito feo

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