lunes, 18 de febrero de 2019

RECUERDOS DE MI MANUEL/ Nuestra lengua: Qué español?






La creciente afluencia de profesionales de Radio y Televisión, así como de profesores de español hispanoamericanos a Europa está planteando un interesante problema, que no se presenta, por ejemplo, en Estados Unidos, donde, por la relativa vecindad geográfica y la numerosa población de “hispanics”, lo hispanoamericano es la referencia más directa con el español para el norteamericano medio. En USA, los locutores y “anchormen” de las emisoras en español son exclusivamente hispanoamericanos. También en Alemania se está dando ya un fenómeno parecido. La mayoría de los colaboradores de la “Deutsche Welle” (“La Voz de Alemania”) y de otras emisoras alemanas que emiten algún espacio en castellano, son asimismo de Hispanoamérica. Hay ya incluso conocidos hispanistas que afirman en serio que el español peninsular es anticuado.

El problema es nuevo en Europa, y dentro de Europa en Alemania, donde hasta hace sólo unas décadas el español que se enseñaba en los centros de idiomas era exclusivamente el peninsular. Hoy puede decirse que en algunas instituciones de enseñanza de lenguas, como las “Volkshochschulen” (Universidades Populares), son mayoría los docentes de español latinoamericanos, no porque escaseen españoles con la suficiente preparación didáctica, sino por motivos económicos: el profesor latinoamericano es menos exigente y más barato que el español, que como ciudadano de la Unión Europea, tiene los mismos derechos laborales y salariales que los nacionales del país europeo en que residen, en este caso concreto Alemania.

En mi exposición voy a referirme en lo sucesivo a Alemania, que es el país donde vivo y por lo tanto observo directamente el fenómeno. Para no despertar los consabidos recelos, apuntaré de entrada que español es todo lo que se habla en el ámbito de la cultura hispánica y que ningún país hispanohablante puede monopolizar cuál sea el mejor español. También es cierto, como apuntaban eminentes académicos como don Fernando Lázaro Carreter, que el español ya no es patrimonio exclusivo de nosotros, los peninsulares. Dicho esto, habrá que plantearse la cuestión de qué es español y de qué español habrá que enseñarse a los extranjeros para no imbuirles una jerigonza ininteligible tanto en España como en cualquier país latinoamericano. A mí, personalmente, me parece absurdo que a un alemán se le enseñe el americanismo “tacho” y que no sepa que el tacho en castellano de España es el cubo de la basura. También es un galimatías que los alumnos alemanes aprendan indistintamente el voseo, el tú y el uso del usted en algunos países latinoamericanos, lo cual sucede cuando se turnan en la enseñanza profesores colombianos, peruanos, chilenos argentinos y españoles.

Español es todo lo que se habla en el ámbito que hemos dado en llamar hispánico. Tan español es “guisante” como “arveja” (“arvejita” en Perú), “falda” y “pollera”, “grifo” o “caño” (Perú), con la peculiaridad añadida de que muchos de los llamados americanismos son en realidad palabras arcaicas castellanas, que ya no se usan en España o sólo se oyen en un ámbito dialectal muy reducido. En cuanto a “arveja”, del latín “ervilia”, el DRAE la recoge en primera acepción como “algarroba”. Las consecuencias concretas de esta confusión de vocabulario que puede creársele al estudiante extranjero de nuestra lengua al confrontarlo, sin previo aviso, con las más diversas variantes del español, pueden resumirse en una anécdota, vivida por un amigo mío alemán, que había estudiado español con una profesora colombiana. De visita en Madrid, entró en un café y pidió una taza de tinto. El camarero, con sorna, le preguntó: “¿Es que en su país beben ustedes el tinto en tazas?” Por supuesto, mi amigo quería una taza de café.

Creo que todas las instituciones españolas, cuyo cometido es la difusión y fomento del español en el Exterior, entre ellas muy principalmente las Consejerías de Cultura y los centros del Instituto Cervantes deberían tomar cartas en el asunto para atajar lo que, si se deja descontrolado el proceso, bien podrá convertirse en una Torre de Babel española en Europa. Sería conveniente que estas instituciones estudiaran el asunto a fondo con las respectivas asociaciones de profesores de español e incluso con las autoridades de los países europeos responsables de la enseñanza de lenguas en centros oficiales.

Y naturalmente es necesario que los propios centros del Instituto Cervantes prediquen con el ejemplo, estableciendo para sí mismos unas normas claras en cuanto al profesorado idóneo para impartir clases de español y las normas que habrán de seguirse para hacer más homogénea la enseñanza de nuestra lengua en el caso de que en su profesorado también figuren docentes latinoamericanos.
 
No se trata de discriminar, sino de aplicar lo que el ya mencionado Filólogo y antiguo Director de la Real Academia de la Lengua, Lázaro Carreter, refería de sí mismo. Sin dejar de ser maño, Lázaro Carreter se esforzó por aprender un castellano estándar cuando se decidió a dedicarse a la enseñanza del español. No va a exigirse que el docente latinoamericano falsifique su pronunciación y abandone su seseo, pero sí es preciso que conozca y explique a sus alumnos extranjeros el correcto sonido en castellano de la “z” y de la “c” con este valor fonético. La sintaxis, la prosodia y la morfología son elementos fundamentales de cualquier idioma. Es cierto que estos elementos no son siempre iguales, ni en España (donde hay numerosas variedades regionales: Andalucía, Extremadura, La Mancha...) ni mucho menos en Hispanoamérica, donde cada nación tiene sus propias variantes sintácticas, prosódicas y morfológicas, y donde dentro de cada país hay millares de diferencias locales. En este orden de ideas, me parece absurda la opinión expresada en una entrevista por una profesora argentina de español en Alemania que incluso reivindicaba la enseñanza en sus clases del habla de Buenos Aires.
 
En mi opinión, la solución más razonable sería que se llegara a un acuerdo sobre un español “normativo” como el que viene utilizando Radio Exterior de España y TVE Internacional, y que sólo en el caso de que alumnos, que por motivos particulares o profesionales vayan a residir en un determinado país latinoamericano, se encargue a un profesor de dicho país que les enseñe el español allí hablado. Lo que no es admisible es mezclar churras con merinas. El estudiante extranjero tiene perfecto derecho a saber de antemano qué español está aprendiendo, lo mismo que puede elegir si desea aprender el inglés de Inglaterra o el de los Estados Unidos.
 
Hay otro aspecto que ya es casi político: España y el español son desplazados lenta pero eficazmente por lo latinoamericano en Europa. La expansión lingüística, cultural y folklórica latinoamericana por Francia y Alemania (por sólo nombrar dos ejemplos conocidos) es innegable e imparable. Cada vez más franceses y alemanes se sienten atraídos por Latinoamérica (fuera de España no puede decirse ya Hispanoamérica sin despertar recelos de imperialismo y provocar protestas “nacionalistas” latinas) y obvian a España, que les parece un país demasiado europeo, es decir, cotidiano. Como escribió Rosa Mora el 20.2.98 en un artículo en EI País titulado “Los latinos marcan el ritmo”, en España mismo se reconoce el gran empuje de la cultura “latina”.

Como hispanohablantes podemos enorgullecernos del gran auge de lo “latino”, de su literatura y cultura. Pero no caigamos en el error de creernos partícipes o incluso motores de este fenómeno. A la postre, si no mantenemos la iniciativa, España podrá verse convertida en una anticuada península en lo lingüístico y lo cultural. Los que vivimos en el centro de Europa venimos observando cómo avanza el fenómeno. Este es un gran desafío en la época de la televisión por satélite, de los medios audiovisuales digitales y del Internet que España no sólo debe aceptar sino convertirlo en un triunfo en Europa y en el resto del mundo.
Manuel Moral (✝ 24.04.2017)
Múnich 1998


 

Pincelada: Los presupuestos participativos







El pasado día 13 de febrero se celebró en el Ateneo de Albacete la presentación oficial de la iniciativa Albacete Concejo Abierto. En el turno de preguntas y respuestas, alguien sacó a colación el tema de la financiación del proyecto pero no se pudo ahondar en el tema dado el gran número de personas que estaban deseando intervenir en el debate.

Una lástima, porque poco antes de comenzar el acto, el ex alcalde de Albacete, Manuel Pérez Castell, en una entrevista para el diario digital LA CERCA, que pueden ver siguiendo el enlace, había precisamente mencionado una posibilidad que contempla la ley: la de recurrir a los Presupuestos Participativos que consideran la implicación directa de la población. Este mecanismo permite que sean los propios ciudadanos quienes decidan en qué se va a gastar el dinero público o parte de él.

Como no soy muy ducha en la materia pero sí curiosa por naturaleza, me he pasado el domingo informándome sobre este modo de influir en algunas tomas de decisiones del Consistorio local. En mi búsqueda, he descubierto publicaciones supereinteresantes que tratan esta materia. Entre ellas, gobierto.es cuya lectura les aconsejo si se interesan por el tema. Todas, sin excepción, me han sido de gran ayuda a la hora de redactar este pequeño artículo.
 
A los que piensen que se trata de una utopía, les diré que el País Vasco y Andalucía fueron las autonomías pioneras en España en apostar por los Presupuestos Participativos.  En los años 90 se produjeron los primeros experimentos en municipios como Idiazabal para debatir la construcción de instalaciones deportivas. Entretanto, Bilbao, p.ej., tiene una estructura participativa muy consolidada. En el año 2001, los municipios andaluces de Córdoba, Puente Genil y Las Cabezas de San Juan pusieron en marcha iniciativas mucho más ambiciosas. Desde entonces, la mayoría de ciudades españolas se han sumado a la lista de localidades que han optado por ese instrumento de participación ciudadana.

También aquí en Albacete, anunciada a bombo y platillo, se creó el año pasado una plataforma llamada "Mejoralbacete", supuestamente para mejorar el Proceso de Presupuestos Participativos. Sin embargo, dudo mucho que se hayan hecho grandes cosas, algunas de ellas quizás por falta de información y participación de los ciudadanos. Un ejemplo:  A pesar de las denuncias de la oposición (PSOE), hasta el día de hoy las obras de rehabilitación de los depósitos de la Fiesta del Árbol siguen paralizadas. Y es que el culebrón trae cola desde hace años (el proyecto de adecuación de este espacio fue aprobado a finales de 2015 y hasta el día de hoy no se ha hecho prácticamente nada para mejorar su estado).

Cuando funcionan correctamente, los presupuestos participativos traen consigo innumerables ventajas:

1. Permiten que los vecinos tengan absoluto control de todo lo que acontece en su municipio.

2. Son sinónimo de transparencia, ya que cada ciudadano sabe en qué se gasta el dinero de sus impuestos.

3. Son una herramienta de participación ciudadana, lo que significa una absoluta democratización de la gestión pública.

4. Suponen asimismo un encuentro de la población con sus gobernantes para consensuar las decisiones sobre la gestión pública, y en especial sobre el presupuesto.

5. Implica a los ciudadanos en la satisfacción de sus necesidades creando espacios de debate. Las asambleas vecinales que se realizan previamente son especialmente recomendables para integrar a los vecinos en el creciente anonimato de las ciudades.

Llama la atención que, si bien las ordenanzas municipales recogen expresamente esta herramienta de participación ciudadana, ésta todavía no se contemple en la legislación española.
Conclusión: Queda mucho por hacer. Los presupuestos municipales se redactan generalmente sin consultar a los ciudadanos porque éstos a menudo desconocen que tienen la posibilidad de influir en su elaboración. Es importante pues decidir entre todos cómo se gasta una parte de nuestro dinero.
Queremos que nuestra opinión cuente y que el dinero del contribuyente se reparta bien en proyectos razonables para todos, entre los que se encuentra el de mejorar la calidad de vida de los albaceteños.  Esto incluye entre otras cosas el cuidado de parques y jardines para realizar allí actividades lúdicas o, simplemente, como puntos de encuentro, así como la peatonalización de algunas calles de nuestra ciudad.

Nosotros, desde Albacete Concejo Abierto, pondremos todo nuestro empeño para que este sueño se convierta más pronto que tarde en realidad.

Margarita Rey




Fuentes:
Nosoloaytos (Blog de Víctor Almonacid)
iesa.csic.es
DEFINICIÓN DE
gobierto.es
presupuestosparticipativos.com
eldiario.es




Atalaya: Insuflar vida a la ciudad





El pasado jueves, en la presentación del proyecto “Albacete Concejo Abierto”, creado por un grupito de intelectuales e idealistas de a pie para mejorar los espacios públicos de Albacete (zonas verdes, peatonalización, etc.) expuse a los asistentes alguna de mis experiencias en Alemania.

En el curso de mi vida, por trabajo y por ocio, he tenido la ocasión de conocer muchas ciudades europeas y de recorrer también la geografía española de norte a sur. Por ello, podría darles muchos ejemplos de cómo ciudades de todos los tamaños se han ido peatonalizando poco a poco a pesar de las reticencias iniciales de comerciantes e, incluso, de algunas agrupaciones vecinales. En Múnich, por ejemplo, la peatonalización comenzó con motivo de los XX Juegos Olímpicos de 1972 y llegó de la mano de un alcalde visionario, el socialdemócrata Hans-Jochen Vogel.  Vogel estuvo al frente del consistorio muniqués desde 1960 hasta 1972 y mi difunto esposo mantuvo una relación casi amistosa con él hasta que Willy Brandt se lo llevó a Bonn para convertirle en Ministro.
 

Marienplatz 1965
Cuando yo llegué a la ciudad en el año 1965 los tranvías y autobuses cruzaban el casco antiguo y los peatones eran poco más o menos los parias de la ciudad. Los Juegos Olímpicos marcaron un antes y un después en lo que a la evolución del planeamiento urbanístico se refiere. Con la construcción del metro se crearon pasos de peatones subterráneos y, en el centro de la ciudad, se terminó el reinado, a veces abusivo, de coches y autobuses hasta convertirse en un bello espacio peatonal y zona comercial de aproximadamente un kilómetro. De la Plaza del Ayuntamiento, antes dividida por la calzada, parte desde 1972 la calle de tiendas y restaurantes Kaufingerstrasse, punto de reunión de lugareños y foráneos, especialmente cuando suena el carrillón a las 12 del mediodía. En la Plaza del Ayuntamiento yo misma he asistido a algún concierto de uno de esos grupos de tunos españoles que viajan por Alemania y, de paso, se ganan unas perrillas con esas supuestamente improvisadas actuaciones en calles y plazas alemanas.
 

Marienplatz en la actualidad
Ahora, a dos pasos de allí, otra calle emblemática, la Sendlinger Strasse, va a convertirse en calle peatonal después de un periodo de prueba de 2 años durante los cuales estuvo vetada a los vehículos motorizados. A finales de 2018, el Ayuntamiento, los comerciantes y las asociaciones de vecinos dieron su bendición a un nuevo plan de urbanismo que contempla la pavimentación de la calle con diversos materiales y puntos de descanso para el ciudadano con bancos, asientos individuales y bonitas jardineras con flores. Está también previsto plantar árboles y construir algunas pequeñas fuentes que darán a los 300 metros de calle ese toque meridional que adoran los muniqueses. Todo ello, naturalmente, sin barreras arquitectónicas para que los discapacitados puedan moverse a sus anchas y disfrutar también de ese nuevo espacio en el que actuarán con regularidad músicos callejeros y mimos.
 


zona peatonal Kaufingerstrasse
Múnich es para mí un ejemplo de cómo hay que hacer las cosas para que los vecinos disfruten de los barrios. En los últimos 25 años se han peatonalizado (o semi peatonalizado) innumerables calles y plazas. De vez en cuando, previa concesión del correspondiente permiso por parte del Ayuntamiento, en esos espacios tienen lugar mercadillos, pequeñas exposiciones de pintura, actuaciones vecinales y un largo etcétera. Lo mismo sucede en ciudades como Hamburgo, Colonia y Berlín. En esta última, aparte de contar como mínimo con 5 distritos sin coches, el barrio de Spandau sorprende al visitante con una macrozona peatonal de 300.000 m2.

Y ¿qué me dicen de los parques, jardines y plazas? Múnich, la ciudad alemana que más conozco, goza de innumerables zonas verdes y jardines, todos ellos muy bien cuidados por los Servicios Municipales de Parques y Jardines que disponen de un importante presupuesto para su mantenimiento. ¡Qué no daría yo para que ocurriese lo mismo en Albacete, ciudad que adoro y en la que yo resido desde 2001!

Lo que les quiero decir con todo esto es que también ciudades más modestas como Albacete tienen derecho a poseer bonitos jardines, plazas y calles peatonales. Es sólo una cuestión de buena voluntad por parte del consistorio que rige la ciudad.

Todos sabemos que el cuidado del medio ambiente mejora la calidad del aire y la calidad de vida de los ciudadanos. Según la Organización Mundial de la Salud, los espacios verdes son imprescindibles para la salud por los beneficios que reportan al bienestar físico y psíquico de la población, al tiempo que hace las ciudades más habitables.
 
Hay que compensar de alguna manera la frialdad de los edificios que se construyen actualmente, “agorizando” (un gerundio que no existe en el diccionario y que se me ha ocurrido partiendo de la palabra “ágora” que, en la antigua Grecia, era el lugar donde la gente se agrupaba para hablar, pasear y disfrutar de las diversas actividades que allí se ofrecían) las calles, plazas y jardines de las ciudades, por muy pequeñas que éstas sean, para el disfrute de vecinos y visitantes. Esto nos proporcionaría beneficios de todo tipo, especialmente desde el punto de vista estético y social. Sin olvidar tampoco el bienestar físico y psíquico de las personas.

Lo importante es ponerse como meta que todas las poblaciones se conviertan poco a poco en núcleos urbanos más amables e inteligentes, con espacios peatonales y zonas verdes en los que se celebren regularmente actividades de índole cultural (o simplemente recreativas) que sirvan para fomentar las relaciones personales entre los participantes, ya sean vecinos o no de la ciudad. Leí una vez en una revista de arquitectura que este tipo de “creación de ciudad” ayuda a que los vecinos identifiquen el entorno como algo suyo, perteneciente a su vida cotidiana, de manera que su uso corriente se convierta en una más de las costumbres generales de una ciudad.

A eso le llamo yo “insuflar vida a la ciudad”. Algo que sólo se puede conseguir si sus habitantes se unen para poder ejercer influencia sobre el Consistorio correspondiente porque, como reza el conocido dicho: “quien no llora, no mama”.
Margarita Rey Suñé




PENSAMIENTO







“Amar por encima del tiempo y de la distancia

es convertir el presente

en un manantial de esperanza”.
 
M.M.
 
 
 
 


sábado, 8 de diciembre de 2018

TEMA DE HOY: Suspiro de alivio






Todos aquellos que, como yo, nos temíamos un giro hacia la derecha de la Unión Demócrata Cristiana alemana (CDU) lanzamos un suspiro de alivio al enterarnos de la elección de Annegret Kramp-Karrenbauer (55 años) como nueva presidenta del partido. En una reñida competición, que dejó por el camino al tercer candidato, el ministro de Sanidad Jens Spahn,  Kramp-Karrenbauer consiguió en la segunda ronda 51,7 % de votos. Su contrincante, Friedrich Merz (63 años), se quedó muy cerquita de la ganadora con en el 48,25 %.
 
Mientras que Merz en su discurso defendió la necesidad de recuperar el electorado que había abandonado a la CDU/CSU en los últimos comicios regionales (Baviera y Hesse) para irse a los ultraderechista de AfD (Alternativa para Alemania) gracias a un programa mucho más conservador, Kramp-Karrenbauer (más conocida como AKK debido a su largo e impronunciable nombre) puso de manifiesto que con ella la CDU seguiría el curso centrista que la Unión ha venido manteniendo a lo largo de su historia y que ella calificó como las tres raíces del partido: la conservadora, la socialcristiana y la liberal. De ello se deduce que habrá pues continuidad en el partido hasta ahora liderado por “die Mutti der Nation” (la mamá de la Nación), apodo con el que se conoce a la señora Merkel entre la población alemana.
 
Pero ¿quiénes son los dos candidatos que se enfrentaron ayer en votación secreta en el Congreso de la CDU? Empecemos por Merz.
 
El abogado y ex juez Friedrich Merz, comenzó su carrera política dentro de la CDU en 1989 como parlamentario europeo electo. Después, del 2000 al 2002 fue portavoz de la CDU/CSU (por entonces, en la oposición) en el Congreso, cargo que le fue arrebatado por Angela Merkel que contaba con el gran apoyo de su mentor, el canciller Helmut Kohl. Merz tuvo que conformarse con el cargo de portavoz adjunto hasta que, en 2004, harto de las confrontaciones con Angela Merkel, dimitió. En 2009 se retiró de la política activa para dedicarse enteramente a la empresa privada, donde ha venido ocupando puestos de responsabilidad en  renombrados bufetes de abogados, así como en diversos, muy importantes, grupos empresariales. Desde 2016 es Presidente del Consejo de Dirección y lobbista de la sucursal en Alemania de la primera gestora de fondos mundial, la estadounidense BlackRock Inc., que mueve 5,3 billones de euros en todo el mundo, casi tanto como el PIB de Alemania y Francia juntos. En 2014, Merz inició un tímido regreso a la política como representante de la CDU de Renania del Norte/Westfalia en la “Comisión Brexit”, que -con el apoyo del Presidente del Bundestag (Parlamento alemán) y ex Ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble- le ha servido de trampolín para presentar su candidatura a la presidencia del Partido Cristiano Demócrata.
 
El entretanto millonario Friedrich Merz pertenece al ala más conservadora y favorable a la Industria de la CDU, que aboga por las privatizaciones y los recortes sociales. Está a favor del retorno a la energía nuclear y votó en contra de la penalización de la  “violación conyugal ”.  Además, mantiene que la Educación debería dejar de ser gratuita. Extrañamente, no está en contra del matrimonio homosexual. Por supuesto, es partidario de mantener la Ley y el Orden, aunque ello significase restringir en determinadas ocasiones algunas libertades ciudadanas, y no le gusta nada la política de la todavía Canciller Merkel en materia de inmigración y refugiados. Sin embargo, está totalmente en contra de los eslóganes del partido AfD (Alternativa para Alemania), a quien califica de populista y nazi. En su ponencia, Merz ha salido en defensa de la CDU como el último "gran partido democristiano" de la Unión Europea.
 
En cuanto a Annegret Kramp-Kampenbauer, la sucesora de Merkel en la presidencia del partido era una casi desconocida líder local hasta que, a propuesta de Merkel, consiguió el pasado febrero, en un congreso extraordinario, auparse hasta la Secretaría General de la CDU. Perteneciente al ala centrista y más social del partido,  AKK está considerada como la candidata de Angela Merkel. Su carrera se ha desarrollado en el Sarre, (en alemán: Saarland), uno de los “Länder” más pequeños de Alemania, (2600 km2 y tan sólo 1 millón de habitantes). Si les interesa, pueden leer su biografía siguiendo el enlace.
 
Annegret, a la que muchos en el partido llaman “la mini-Merkel”, en su discurso solicitando el voto de los delegados, pidió "coraje" para asumir los desafíos a los que se enfrenta el partido. Después de catorce años de era Merkel, la coalición cristiano-demócrata no lo tiene nada fácil. Tras su caída en picado en el favor de los votantes tradicionales, AKK es consciente de que hay que renovar el programa del partido si se quiere impedir que la ultraderechista Alternativa para Alemania se haga con una gran parte del pastel electoral. Para ella, “la fortaleza de la CDU es de gran relevancia para Alemania y para el conjunto de Europa”.
 
Annegret Kramp-Kampenbauer  no lo tiene nada fácil. Ante sí, la ardua tarea de manejar bien el partido  y de desarrollar junto a Merkel estrategias para que ésta pueda llevar a buen término su mandato como canciller, previsiblemente en 2021, como garantía de sus propias posibilidades para convertirse ella también en la segunda mujer que dirige los destinos de la República Federal de Alemania. Todo esto sólo será posible si se consigue volver a atraer el voto de los ciudadanos desencantados de la CDU que fueron fascinados por los cantos de sirena de la ultraderecha alemana, nazi, populista y xenófoba.
 
De momento, el centrismo de la CDU está garantizado, que no es poco…
 
Margarita Rey
 
 
 

RECUERDOS DE MI MANUEL: Europa y la sociedad multicultural






Escrito por mi difunto esposo en abril de 1997,  este artículo (como tantos otros suyos) se puede calificar de premonitorio.

 
EUROPA Y LA SOCIEDAD MULTICULTURAL

"Multicultural" o, dicho en cheli alemán "multikulti", es un término que en los últimos tiempos se ha puesto de moda en Alemania. La radio de Berlín SFB transmite desde hace un par de años un programa de 24 horas titulado "Radio Multikulti" y elaborado por un equipo de redactores de los más diferentes países, desde el Africa subsahariana hasta Brasil. El programa, presentado en alemán con los más diversos acentos foráneos pretende acostumbrar a la sociedad alemana a la realidad de la presencia en el país de más de siete millones de extranjeros, la inmensa mayoría procedentes de países ajenos a la Unión Europea. La poderosa emisora alemana WDR (Radio Colonia) quiere también subirse al carro multicultural y aunque para ello sea preciso eliminar los programas en lengua materna que las emisoras públicas alemanas (ARD) transmiten desde hace 33 años diariamente para los ciudadanos de la Unión Europea residentes en Alemania: italianos, griegos y españoles. Para los responsables de la WDR y de otras emisoras de la ARD son más importantes al parecer los musulmanes que los cristianos, los no europeos que los europeos. Es el celo alemán para evitar la acusación de racista.
 
"Multikulti" es la invención más reciente de intelectuales de izquierda alemanes y de los llamados políticos progresistas que creen que un problema se soluciona sólo con darle un nombre con gancho. El problema es que en nuestros días millones de personas del tercer mundo ven a Europa Occidental y muy especialmente a Alemania como tierrra de promisión. En su mayoría como refugiados o peticionarios de asilo acuden a nosotros cada vez más personas de los más diversos países no europeos, con lo cual poco a poco se agota el límite de nuestra capacidad de absorción social, económica y, no en último lugar, cultural.
 
"Multikulti": la palabra sugiere algo abigarrado, alegre, gracioso como tutti frutti. Multikulti parece haberse convertido para políticos de la escena rojiverde y los intelectuales que les suministran las ideas y las exponen en los medios de comunicación, en la fórmula mágica para dominar este fenómeno de masas que irrumpe sobre Europa Occidental.

Soy muy pocos, poquísimos ya, los alemanes que sienten miedo de los antiguos "Gastarbeiter" (trabajadores invitados, un eufemismo para "emigrantes") que llegaron del sur de Europa. Al contrario. Transcurridos  más de  35  años, los italianos, los griegos, los españoles y los portugueses, y sus hijos nacidos y educados en este país, se han convertido, en la mayoría de los casos, en estimados conciudadanos. Después de tres décadas de convivencia es ahora más lo que une que lo que separa. Muchos de los antiguos "Gastarbeiter" son ahora ciudadanos de la Unión Europea que están integrados en igualdad de derechos desde el punto de vista jurídico, político y laboral, en virtud de convenios que obligan a todos los miembros de la Unión. Cierto: a nivel cultural o lingüístico aún queda camino que recorrer para hacer realidad la idea de una Europa común. Todavía es preciso derribar prejuicios aún existentes, aceptar las peculiaridades de los conciudadanos y acentuar lo común que nos une. En la Unión Europea son fuertes los impulsos en esta dirección: programas de intercambio cultural para los jóvenes, fomento del aprendizaje de la segunda y tercera lengua entre alumnos y estudiantes, iniciativas de la Unión para el acercamiento entre las ciudades y las regiones europeas y para intensificar el turismo cultural intereuropeo. Paralelamente, incremento del intercambio de programas radiofónicos y de televisión. Todo ello pertenece a las medidas prioritarias de la Unión para crear una conciencia común europea. Pero el trabajo principal para construir nuestra "casa común europea" hemos de ha-cerlo nosotros mismos. En primera línea hemos de ser conscientes de nuestras raíces históricas comunes y hemos de creer en la necesidad de un futuro común de Europa.

Sin embargo, apenas hemos comenzado a edificar nuestra "casa común europea", nuestro trabajo se nos complica cada vez más. Los grandes desniveles económicos y políticos entre los pueblos pobres y superpoblados del tercer mundo y las naciones industrializadas ponen en marcha en los umbrales del año 2.000 movimientos migratorios hacia la "prosperidad". Estas migraciones, que aún parecen  un goteo,  pero un goteo cada vez más intenso, podrán cambiar en los próximos cincuenta a cien años las estructuras políticas, sociales y económicas de los continentes más desarrollados del mundo, como Norteamérica y Europa. La respuesta que está dando Europa a este fenómeno es el desconcierto. Este desconcierto se pone de manifiesto en políticas contradictorias de inmigración. Los Estados europeos no consiguen ponerse de acuerdo sobre una política común de extranjería, que cree una situación jurídica clara respecto a los inmigrantes ilegales y a los pseudo-peticionarios de asilo, con lo cual se evitarían también muchas rigurosidades e incluso situaciones inhumanas.
 
Frente a esto se hallan los utopistas que parecen creer que Europa puede acoger a todos los pobres del mundo sin que se hunda bajo tal peso todo nuestro sistema socioeconómico. Califican de "eurochauvinista" a todo el que advierte con justificada preocupación de una inmigración masiva procedente del tercer mundo. Contra las advertencias de los sensatos los utopistas arrojan la cándida exigencia de que se supriman las leyes de inmigración además de las fronteras, como pudo escucharse al márgen de la última conferencia euromediterránea en Barcelona.
 
Por supuesto, Europa no debe convertirse en una fortaleza, pero tampoco puede ser "tierra de nadie". Entre los utopistas se hallan también los más comprometidos partidarios de lo multicultural, que, bien visto, equivale a una capitulación ante lo foráneo y a la confesión de la incapacidad de integrar a los extraños en la cultura y tradiciones europeas. Integración realmente dificil cuando se trata de personas pertenecientes al mundo islámico.

Como todos sabemos, Europa es el resultado de siglos de interrelación y superposición de diversas civilizaciones, que en el crisol del tiempo se han convertido en lo que hoy llamamos cultura europea, diferenciada en variantes nacionales y regionales. ¿Es esto multiculturalidad? No. Esto es pluralismo cultural o interculturalidad, que no es lo mismo, pues el pluralismo cultural suponía y supone un punto común de referencia. Ahora que han conseguido instalarse en Europa Occidental millones de personas de los más distintos orígenes, de diferentes lenguas y culturas, no existe otra alternativa que su integración en la sociedad de acogida. La integración lingüística y cultural en el país de acogida ha de ser tan natural como el cultivo de la lengua y cultura de origen. Dentro del pluralismo cultural debe figurar la biculturalídad de cada minoría étnica residente en un país europeo, con un intercambio constante, que emiquezca a ambas partes, entre la cultura de origen y la cultura del país de acogida.
 
Por el contrario, el "concepto multicultural" relativiza el punto común nacional de referencia. Por una parte se quiere dejar vivir en su contexto a cada cultura, por otro lado se mete a todas las culturas foráneas en el mismo tarro para presentárselas a la población nacional como un cóctel exótico. Los partidarios de lo ,,multiculti" pretenden eliminar prejuicios xenófobos. Quieren derribar barreras culturales. Pero en vez de ello están creando una nueva Torre de Babel. Además, en el caso de Alemania, por huir de la sospecha de "racismo" se incluye absurdamente bajo la misma etiqueta de extranjero, por ejemplo, a un ugandés, un turco, un libanés, un inglés, un español, un francés o un italiano, sin diferencias de realidades históricas, religiosas y culturales.
 
En Alemania, como en los demás países de Europa occidental, surge la justificada pregunta de si la sociedad de acogida, es decir, la mayoría social, ha de adaptarse unilateralmente a una promiscuidad lingüística, cultural y étnica en su seno. Cabe temer que el concepto multicultural, que quiere fomentar la tolerancia consiga más bien lo contrario: un aumento de las tendencias xenófobas en la sociedad o, como mínimo, el fastidio ante todo lo extranjero, al tiempo que agudice las rivalidades, tensiones y choques entre las minorías étnicas que viven en el país de acogida y el odio de éstas a los nacionales. Esto ya está ocurriendo en Alemania, según informaba recientemente el semanario "Der Spiegel" y puede verse en reportajes de la televisión pública alemana.
 
Manuel Moral († 24.04.2017)
 
 

PENSAMIENTO








“Tolerancia es no usar tu fuerza física o mental
contra quien se cree superior a ti”.

M.M.
 
 

 

jueves, 15 de noviembre de 2018

RECUERDOS DE MI MANUEL: La matanza






El 11 de noviembre, por San Martín, las calles de La Roda se llenaban de gruñidos y chillidos de cerdos. Había llegado el tiempo de las matanzas. A todo cerdo le llega su San Martín. El marrano come para su muerte. Mimado, exento de trabajar todo el año, el cerdo se va cebando con su propia gula, acumulando grasas y jamones. En aquellos tiempos, cuando yo era niño, el cerdo vivía mejor que hoy que es alimentado artificialmente en granjas asépticas. El cerdo vivía en su pocilga y comía de todo. Lo que más le gustaba y mejor sabor daba a sus carnes eran las cáscaras de melón o de patatas. También comía hozando y gruñendo de placer unos amasijos de avena con todas las sobras de la comida.
 
Para nosotros, los chiquillos, el día de la matanza era una gran fiesta. Sacaban al gorrino que chillaba como un demonio - quizás el animalito presentía lo que le esperaba - atado del cuello por una soga y agarrado por la boca con un gancho y tiraban de la bestezuela hasta una mesa colocada en mitad de la calle. Entre cuatro fornidos hombres aupaban al animal a la mesa, sobre la que era tumbado de costado y fuertemente sujetado. De nada servían los chillidos, impotente protesta de la criatura ante su inminente sacrificio. El matachín le frotaba con la manga de su blusón enérgicamente el cuello hasta que enrojecía el lugar de la aorta y allí de una certera puñalada le clavaba hasta el puño el largo y afilado cuchillo. El grito del puerco era ensordecedor como el asombro de la muerte. Poco a poco los gritos se iban convirtiendo en gruñidos cada vez más flojos, casi en sumisas quejas ante un destino inevitable, como si el cerdo pidiese perdón por su muerte y perdonase a su vez a sus verdugos. Una mansa dulzura se apoderaba de aquel tosco cuerpo que entregaba su sangre en un chorro que iba a caer a un lebrillo en manos de una mujer que removía constantemente la sangre para que no cuajara. Lo que era al principio un surtidor se iba haciendo un hilillo hasta cesar por completo. Un leve estremecimiento recorría el cuerpo de la víctima que con un inaudible suspiro entregaba su alma porcina a Dios. Yo, aunque era un niño, intuía en aquel momento que el universo había dejado de existir en una parcela de vida. Entonces se procedía a churrascar el cadáver del cerdo con unos tejos calientes. Rapado el animal, se le lavaba y   se pasaba a la operación más apasionante para nosotros los chiquillos: el descuartizamiento. Se le abría en canal e iban saliendo las entrañas calientes que en el aire fría exhalaban vapor. El matachín sacaba de la barriga del cerdo algo que nos arrojaba a los chiquillos que disputábamos por cogerlo: la vejiga del cerdo. Convenientemente lavada, la inflábamos como un globo y   nos servía de juguete. Se podía jugar con ella a la pelota. También nos servía para atizar con ella vejigazos en la cabeza a los demás chiquillos. Hacía mucho ruido, pero no hacía daño. Si dejábamos escapar el aire a presión, lentamente, soltaba pedos. Por eso llamábamos también a la vejiga del cerdo “la pedorra”.
 
Era un gran honor y un gran acontecimiento ser invitado a una matanza. En la gran cocina hervían grandes cacerolas de agua colocadas sobre trébedes. Las mujeres iban metiendo en orzas los embutidos, salchichas y morcillas. Nos daban a beber un sabroso caldo del morro o del rabo del cerdo, también comíamos “ajo de mataero”, y con la punta de la navaja íbamos pinchando trocitos de sangre frita. Aunque éramos pequeños, ese día nos dejaban dar algún tiento que otro al porrón del vino, ese vino manchego que en el porrón parece agua, pero que a los pocos tragos se sube a la cabeza y puede dar con tus huesos en el suelo, si no estás acostumbrado a beberlo. También había dulces: los mantecados de La Mancha, que se deshacían en la boca con sorbos de anís. Cuando salíamos a la calle no notábamos el frío siberiano de la llanura manchega y las estrellas parecían jugar al corro sobre nuestras cabezas.

Como en una sola calle había varias matanzas, aquel día no comíamos en casa. Recuerdo más de un cólico y  más de una infantil melopea. Pero que nos quitasen lo bailado. En aquellos días de penuria de la posguerra, cuando nos caía algo de comer nos hartábamos. Pensábamos que un día es un día.
Manuel Moral