domingo, 1 de noviembre de 2015

Pincelada: Spain is different




Spain is different” (“España es diferente”). El superexitoso eslogan, acuñado en los años sesenta, se atribuye a Manuel Fraga Iribarne, Ministro de Información y Turismo entre 1962 y 1969. Fue creado con el fin de promocionar España en el extranjero y atraer a turistas de todas las nacionalidades, más allá de los vecinos franceses que, simplemente por cercanía geográfica, visitaban tradicionalmente nuestras playas en busca de sol, playa y paella a buen precio.
 
La definición ya no se utiliza como reclamo turístico pero sí que se ha conservado hasta nuestros días con un sentido totalmente distinto, peyorativo, para dar a entender que España se diferencia mucho (generalmente, para mal) del resto de países europeos.
 
Y así tuvimos la ocasión de comprobarlo la semana pasada, cuando casi todos los medios nacionales y europeos se hicieron eco del cambio de nombre de un pueblecito burgalés de unos 60 habitantes llamado Castrillo Matajudíos, un topónimo de connotaciones claramente antisemitas y que el 23 de octubre pasó a llamarse definitivamente Castrillo Mota de Judíos.
 
Lo más gracioso del caso es que la localidad, allá por el siglo XV, se conocía como Castrillo Motajudíos. Supuestamente fue un escribano quien le cambió el nombre, probablemente para disimular el origen judío del pueblo en aquellos convulsos tiempos en los que se decretó la expulsión de España de los judíos sefardíes.

En ese contexto, el Diario de Burgos, en su edición del 18 de abril de 2014, escribió: Para encontrar la seña de identidad del nombre de Castrillo Matajudíos es necesario remontarse diez siglos atrás. Concretamente al año 1035, momento en el que la localidad vecina de Castrojeriz destierra a los judíos de la aljama después de que a la muerte de Sancho III, los de Castrojeriz se levantan en armas contra los emisarios del rey y acabasen con la vida de cinco emisarios y 66 judíos. Desterrados al barrio de Castrillo (actual Castrillo de Matajudíos), la comunidad judía se ubica en la parta alta del pueblo, una colina conocida como 'La Mota'”. “De ahí viene el verdadero nombre del pueblo, Castrillo Motajudíos”, explica Lorenzo Rodríguez (el alcalde), quien considera que en virtud de esa parte de la historia del municipio “éste es el verdadero topónimo que recibió el pueblo durante siglos. El de Mota de Judíos”, recalca.

Dedicados a labores comerciales, propiciadas por la ubicación del municipio en plena Ruta Jacobea, la comunidad judía de Castrillo, convivió en armonía con la cristina hasta el año 1492, cuando se produce la expulsión de los judíos de España ordenada por los Reyes Católicos mediante el Edicto de Granada. Ese momento histórico produjo la marcha de muchos de los judíos que vivían en Castrillo y la conversión de tantos otros. “Apellidos como Rodríguez y Toledano se los debemos a esos judíos conversos”, añade el alcalde del municipio”.
 
Hartos de la lacra que suponía el nombre, los vecinos de este minúsculo municipio decidieron en referéndum desprenderse de ese “legado histórico” tan sui géneris que, a ojos del mundo, convertía a todos sus habitantes en racistas y muy especialmente si viajaban al Israel. Precisamente, a un vecino de esa localidad que fue a Israel de vacaciones, le advirtieron desde la Embajada que evitase por todos los medios enseñar el pasaporte donde figuraba su lugar de origen, no fuera caso que algún judío de origen sefardí viera que provenía de Castrillo de Matajudíos y se lo fuera a tomar a mal.

Desde el viernes pasado ya no habrán más malentendidos. Con la asistencia del nuevo embajador de Israel en España, Daniel Kutner, que se refirió en su discurso a la convivencia "con luces y sombras"de los judíos en España durante 1.500 años, y de relevantes autoridades del mundo sefardí, se celebró la jornada que puso punto final a varios siglos de injusticia histórica en la que se habían ignorado (o “camuflado”) los verdaderos orígenes del pueblo, otrora un asentamiento o colonia sefardí en una colina (“mota”).
 
Otro nombre no menos polémico es el de Matamoros que se remonta a la Reconquista y que, como topónimo, se ha mantenido vivo hasta nuestros días únicamente en el municipio Valle de Matamoros, en la provincia de Badajoz, cuyo origen podría ser alguna batalla entre moros y cristianos que acabó en cruenta matanza de los adversarios musulmanes. Sus 400 habitantes ni se plantean cambiar su nombre. Quizás porqué hasta el momento no han tenido problemas por su topónimo, ni tan siquiera con los temporeros marroquíes contratados para los trabajos del campo.

Extrañamente, en Méjico existen varias ciudades que fueron bautizadas con ese nombre (Izúcar de Matamoros, Landa de Matamoros, Municipio de Matamoros, (Coahuila), Villa Matamoros, Municipio de Matamoros (Chihuahua), Valle de Matamoros (un valle en el estado de Puebla y Mariano Matamoros, en  Chiapas). Aunque la más conocida es, sin duda alguna, es Heroica Matamoros, una histórica ciudad en el noreste del estado de Tamaulipas, que fue campo de varias batallas y eventos de la Independencia de México donde consiguió los títulos de Invicta, Leal, y Heroica.

Sin embargo, aquí en España el apellido Matamoros -que algunos les sonará de programas de tan alto nivel cultural como “Sálvame”- se da con cierta frecuencia y tiene su origen en un mote que recibían como distinción aquellos caballeros que habían luchado contra los musulmanes bajo el estandarte del Apóstol Santiago, también conocido como “Santiago Matamoros”. El poder llevar dicho mote era tal motivo de orgullo que muchos de estos hombres decidieron convertirlo en su apellido. Por cierto, la imagen de Santiago Matamoros, que tenía su capilla desde el siglo XVIII en la catedral de Santiago de Compostela, fue retirada en julio de 2012 para no herir sensibilidades de otras etnias.
 
En España son 3620 personas las que llevan Matamotoros como primer y 3715 como segundo apellido y ninguna de ellas lo considera ofensivo ni tampoco parece estar dispuesta a cambiarlo por otro. Así que, viendo que la realidad supera más de una vez la ficción, me reitero en el famoso y tan manido lema: “Spain is different”, con el que he comenzado mi aportación.

Margarita Rey

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