Las culturas mediterráneas son de origen fálico. Todavía hoy basta con darse una vuelta por Grecia o por Turquía y veremos a la venta los famosos priapos, unos muñecos con enormes penes en erección, siendo curioso que la magnitud vaya creciendo según nos adentramos en Turquía. En castellano (y sólo nos referimos al español peninsular: si nos adentramos en Hispanoamérica la lista de vulgarismos sexuales se hace interminable) existen numerosos sinónimos para falo o pene. En el lenguaje infantil: pilila, pilula, colita o colilla y pito.
Entre los adultos existen los siguientes sinónimos de pene: la picha, la chorra, la verga, la polla, el carajo, el salchichón o el rábano. Para las mujeres se emplea: el coño, el choto, el chocho, el chichi, el higo, la breva o la seta.
Como nota curiosa apunto que en Andalucía los jóvenes han desarrollado una nueva forma de dirigirse la palabra: Él: “Oye, chocho, ¿me prestas el móvil?” Ella: “Sí, picha. Aquí lo tienes”.
Siempre me he preguntado por qué los sinónimos de pene son en su mayoría femeninos, mientras que el órgano genital de la mujer suele ser masculino? He revuelto cielo y tierra, he consultado cuantas enciclopedias poseo, he recurrido a Google. Nada. Algunas obras de consulta me remiten al latín. Otras se van por las ramas sin aportar nada útil. Tengo la sospecha, sólo la sospecha, de que la sexualidad de los antiguos pueblos mediterráneos, y de los iberos, podría tener algo que decir en este asunto, que no es trascendental, pero ¿tiene que ser todo trascendental?
martes, 9 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Que viene el lobo
Es cierto que muchos españoles, también socialistas, están enojados por la torpeza del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en gestionar la crisis mundial, que, muy específicamente, afecta a la Unión Europea. Algunos expresan la opinión de que sería oportuno concertar una coalición con el PP, que, sin embargo, no está dispuesto a colaborar en lo más mínimo con el Gobierno en la solución de algo que está por encima de los intereses partidistas: el bien de la nación española. El PP obra según el lema de que “cuanto peor, mejor”. Rajoy solamente tiene una obsesión: la de llegar a ser el próximo presidente del Gobierno. “Después de mí, el diluvio” parece ser su eslogan. También están los observadores que señalan la posibilidad de que el PP presente una moción de censura. Si la pierde Zapatero, se convocarían elecciones anticipadas que muy seguramente ganaría el PP. Pero Rajoy no se decide a dar este paso, consciente de no disponer de la mayoría en el Congreso. Y aquí el PP denuesta contra los partidos regionalistas, olvidando que Aznar pudo gobernar gracias al apoyo de Pujol (CiU). En sí es muy cuestionable la presencia de partidos regionalistas en el Congreso, que pueden chantajear al presidente del Gobierno con sus votos a favor de sus respectivas autonomías. A mi me parece la mejor solución el caso de Alemania, donde un partido sólo puede entrar en el Bundestag (parlamento federal) si consigue superar la barrera del 5% a nivel federal (nacional). La última solución que apuntan los impacientes por ver al PP en el poder es que Zapatero tenga que tirar la toalla y convocar nuevas elecciones.
Aquí habría de difundir un aviso para navegantes. No jueguen con el fuego; no crean en las buenas palabras de Rajoy y de su partido. Rajoy es la derecha y la derechona. El PP no tiene escrúpulos para hacerse con el poder. Recuerden el caso de la aguerrida Esperanza Aguirre, de cómo le arrebató al ingenuo de Rafael Simancas (PSOE) la presidencia de la autonomía madrileña, de cómo se está comportando políticamente (caso de la eterna disputa contra el demócrata conservador liberal Alberto Ruíz Gallardón (PP), alcalde de Madrid, del caso de TeleMadrid, apoyo a los ultras…). Es muy difícil desalojar a la derecha del poder cuando ésta se ha alojado en él. La derecha se filtra en todas las instituciones y procura dominar sobre el sistema judicial. Conoce todos los registros: desde el populismo al paternalismo, la demagogia y al autoritarismo.
Cuidado con la derecha. Que “las ovejas” que den la mayoría a su “buen pastor”, no se encuentren con la sorpresa de que han elegido al lobo. Trabajemos todos en el marco de nuestras posibilidades (pagar impuestos, hacer un buen trabajo, ahorrar en los gastos innecesarios y sobre todo en la energía) con el Gobierno para levantar a España y ahorrarle el calvario de Grecia.
Aquí habría de difundir un aviso para navegantes. No jueguen con el fuego; no crean en las buenas palabras de Rajoy y de su partido. Rajoy es la derecha y la derechona. El PP no tiene escrúpulos para hacerse con el poder. Recuerden el caso de la aguerrida Esperanza Aguirre, de cómo le arrebató al ingenuo de Rafael Simancas (PSOE) la presidencia de la autonomía madrileña, de cómo se está comportando políticamente (caso de la eterna disputa contra el demócrata conservador liberal Alberto Ruíz Gallardón (PP), alcalde de Madrid, del caso de TeleMadrid, apoyo a los ultras…). Es muy difícil desalojar a la derecha del poder cuando ésta se ha alojado en él. La derecha se filtra en todas las instituciones y procura dominar sobre el sistema judicial. Conoce todos los registros: desde el populismo al paternalismo, la demagogia y al autoritarismo.
Cuidado con la derecha. Que “las ovejas” que den la mayoría a su “buen pastor”, no se encuentren con la sorpresa de que han elegido al lobo. Trabajemos todos en el marco de nuestras posibilidades (pagar impuestos, hacer un buen trabajo, ahorrar en los gastos innecesarios y sobre todo en la energía) con el Gobierno para levantar a España y ahorrarle el calvario de Grecia.
domingo, 7 de marzo de 2010
?Dónde está la extrema derecha?
¿Dónde está la extrema derecha?
Esta es la pregunta que suelen formularse los observadores y analistas políticos en España. ¿Dónde están los seguidores de Girón de Velasco, de Blas Piñar, los Guerrilleros de Cristo Rey, los falangistas de Falange Española? Sólo se les ve en las manifestaciones organizadas por el PP o por la reaccionaria Iglesia nacionalcatólica. Actos multitudinarios (que no se duerma la izquierda, la derecha más conservadora sigue siendo fuerte) organizados con toda la parafernalia propia de los fascistas: un mar de banderas nacionales (que el PP usurpa como si fuesen sólo suyas), el himno nacional (otra usurpación) y otro mar de banderas franquistas (políticamente correcto: preconstitucionales) y de símbolos fascistas. La explicación es obvia: la extrema derecha española está acogida al PP y tiene importantes valedores dentro del partido como la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre. En una conversación con Luis Fraga, por entonces encargado de emigración española en el Partido Popular, éste me dijo que su partido estaba orientado hacia un centro liberal, pero que tenía como lastre, difícil de eliminar, a los dinosaurios del franquismo, a los viejos y jóvenes franquistas, que formaban un dique sólido contra cualquier apertura del PP a posturas conservadoras liberales y moderadas. Desde esta conversación han transcurrido unos veinte años y no se aprecian muchos cambios internos en el PP: un sector que tiene vocación democrática y otro sector de tiempos pasados, que apuesta por el totalitarismo.
En todos los países de la Europa transpirenaica existen partidos neofascistas y neonazis, perfectamente organizados y visibles. En Francia, por ejemplo, está el frente de Le Pen, que concurre a las elecciones con muy mala suerte hasta ahora, por fortuna. En Alemania, los magistrados del Constitucional buscan con lupa rendijas que permitan la prohibición del partido neonazi NPD, que defiende a la dictadura hitleriana como una de las cumbres de la grandeza de Alemania. Miembros del NPD propagan lo que llaman “la mentira de Auschwitz”, según la cual nunca existió el holocausto, el exterminio de unos siete millones de judíos. Los del NPD celebran sus manifestaciones públicas, con svásticas (cruces gamadas) y demás decorado puramente nazi. En tales ocasiones, la policía tiene que librar auténticas batallas callejeras para separar a los nazis y los jóvenes radicales de izquierda, que arremeten armados con toda clase de objetos contra los pajarracos del tenebroso pasado alemán. En España, los nostálgicos del pasado franquista están bien protegidos, pero también –eso hay que agradecerlo al PP- hasta ahora bien vigilados y controlados por el partido de las gaviotas.
Esta es la pregunta que suelen formularse los observadores y analistas políticos en España. ¿Dónde están los seguidores de Girón de Velasco, de Blas Piñar, los Guerrilleros de Cristo Rey, los falangistas de Falange Española? Sólo se les ve en las manifestaciones organizadas por el PP o por la reaccionaria Iglesia nacionalcatólica. Actos multitudinarios (que no se duerma la izquierda, la derecha más conservadora sigue siendo fuerte) organizados con toda la parafernalia propia de los fascistas: un mar de banderas nacionales (que el PP usurpa como si fuesen sólo suyas), el himno nacional (otra usurpación) y otro mar de banderas franquistas (políticamente correcto: preconstitucionales) y de símbolos fascistas. La explicación es obvia: la extrema derecha española está acogida al PP y tiene importantes valedores dentro del partido como la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre. En una conversación con Luis Fraga, por entonces encargado de emigración española en el Partido Popular, éste me dijo que su partido estaba orientado hacia un centro liberal, pero que tenía como lastre, difícil de eliminar, a los dinosaurios del franquismo, a los viejos y jóvenes franquistas, que formaban un dique sólido contra cualquier apertura del PP a posturas conservadoras liberales y moderadas. Desde esta conversación han transcurrido unos veinte años y no se aprecian muchos cambios internos en el PP: un sector que tiene vocación democrática y otro sector de tiempos pasados, que apuesta por el totalitarismo.
En todos los países de la Europa transpirenaica existen partidos neofascistas y neonazis, perfectamente organizados y visibles. En Francia, por ejemplo, está el frente de Le Pen, que concurre a las elecciones con muy mala suerte hasta ahora, por fortuna. En Alemania, los magistrados del Constitucional buscan con lupa rendijas que permitan la prohibición del partido neonazi NPD, que defiende a la dictadura hitleriana como una de las cumbres de la grandeza de Alemania. Miembros del NPD propagan lo que llaman “la mentira de Auschwitz”, según la cual nunca existió el holocausto, el exterminio de unos siete millones de judíos. Los del NPD celebran sus manifestaciones públicas, con svásticas (cruces gamadas) y demás decorado puramente nazi. En tales ocasiones, la policía tiene que librar auténticas batallas callejeras para separar a los nazis y los jóvenes radicales de izquierda, que arremeten armados con toda clase de objetos contra los pajarracos del tenebroso pasado alemán. En España, los nostálgicos del pasado franquista están bien protegidos, pero también –eso hay que agradecerlo al PP- hasta ahora bien vigilados y controlados por el partido de las gaviotas.
sábado, 6 de marzo de 2010
La Macarena
Entre las festividades populares, religiosas, „paganas“ más bellas de España está la llamada Semana Santa, que se celebra con procesiones, a cuál más íntima, más emocionante y más espiritual, en todas las ciudades y pueblos de España. Pero para mí lo más sublime de estas procesiones está en Sevilla, donde compiten en recogimiento, en fervor y amor a su patrona distintas hermandades.
De las procesiones de Sevilla la que más hondo me llega en su aspecto artístico-estético es la de La Macarena, obra de autor desconocido, muy restaurada por diversos escultores a lo largo del tiempo. Es tanta la belleza del rostro de La Macarena que no es de extrañar que sólo las lágrimas expresen fielmente lo que sentimos al contemplar los rasgos y la expresividad de esta talla, digna de figurar junto a las diosas egipcias o grecorromanas más bellas de la antigüedad clásica. De no ser ya así, La Macarena merece ser patrimonio de la Humanidad.
Curiosa y afortunadamente, la Iglesia católica parece mantenerse un tanto al margen de la celebración de las procesiones. Los miembros de las hermandades pasan así a ser los sacerdotes de un culto del y para el pueblo.
Pero no todo es belleza en las procesiones españolas. Las autoridades deberían prohibir como masoquista exhibicionismo esos actos en los que fieles se flagelan públicamente, hasta hacerse sangrar o se someten a tremendos suplicios cargando con pesadas cruces o con los brazos en cruz atados con gruesas cuerdas en maderos, los llamados “empalados”. La Iglesia católica calla. Gusta de estas expresiones del más primitivo sadomasoquismo y lo toma como emulación de la presunta crucifixión de Jesús. Para mí que existe una sutil relación emocional del público entre estos espectáculos y las corridas de toros, en las que hay mucho de “religiosidad”.
De las procesiones de Sevilla la que más hondo me llega en su aspecto artístico-estético es la de La Macarena, obra de autor desconocido, muy restaurada por diversos escultores a lo largo del tiempo. Es tanta la belleza del rostro de La Macarena que no es de extrañar que sólo las lágrimas expresen fielmente lo que sentimos al contemplar los rasgos y la expresividad de esta talla, digna de figurar junto a las diosas egipcias o grecorromanas más bellas de la antigüedad clásica. De no ser ya así, La Macarena merece ser patrimonio de la Humanidad.
Curiosa y afortunadamente, la Iglesia católica parece mantenerse un tanto al margen de la celebración de las procesiones. Los miembros de las hermandades pasan así a ser los sacerdotes de un culto del y para el pueblo.
Pero no todo es belleza en las procesiones españolas. Las autoridades deberían prohibir como masoquista exhibicionismo esos actos en los que fieles se flagelan públicamente, hasta hacerse sangrar o se someten a tremendos suplicios cargando con pesadas cruces o con los brazos en cruz atados con gruesas cuerdas en maderos, los llamados “empalados”. La Iglesia católica calla. Gusta de estas expresiones del más primitivo sadomasoquismo y lo toma como emulación de la presunta crucifixión de Jesús. Para mí que existe una sutil relación emocional del público entre estos espectáculos y las corridas de toros, en las que hay mucho de “religiosidad”.
El apolítico
Cuando alguien le diga: „soy apolítico”, desconfíe. Se trata de uno de los más peligrosos enemigos de la democracia. El apolítico critica al gobierno, sobre todo si es de izquierdas (socialista), fustiga la corrupción de los partidos y de los políticos de forma global, como si eso fuese lo normal en una democracia. Corrupción es un mal que se da, cierta y desgraciadamente en todos los partidos y en políticos. El problema existe en una medida u otra en todos los países democráticos y no digamos en las dictaduras, pero en éstas la corrupción es consustancial al sistema, se silencia (para eso está la censura) y todo queda “en la familia”. En las democracias, gracias a la libertad de prensa, el ciudadano se entera de los casos de corrupción. La presión de la opinión pública y la libertad judicial hacen que los corruptos, por muy poderosos que sean, acaben sentándose en el banco de los acusados. Para el apolítico ésto no es política positiva, es sólo la prueba de lo acertado de su distanciamiento de la política.
En realidad, el apolítico donde mejor vive es en una dictadura. En una dictadura no tiene que “hacer política”, se la dan ya hecha. El apolítico es un gorrón de la democracia: sin mover un dedo (pero sí la lengua contra la política, con lo cual él también está haciendo política), disfruta de todas las libertades y derechos que otros (muchos con grandes sufrimientos) han conseguido. En la dictadura están prohibidos los partidos políticos, así el apolítico no tiene que molestarse en elegir entre unos u otros. Como el apolítico no quiere problemas, sólo quiere que se lo den todo hecho, no critica nunca al gobierno que el dictador, como Franco hacía en España, impone sin consulta a la sociedad. Como no existe un auténtico parlamento, no hay los debates políticos que tanto irritan o incomodan al apolítico, que sólo aspira a vivir bien, cómodamente, sin ningún compromiso sociopolítico, mientras que el dictador de turno decide por él.
La democracia, “el menos malo de todos los sistemas políticos” (Churchill), no es un regalo del cielo. Es algo que construimos todos los ciudadanos día a día. Para que la democracia funcione es preciso nuestro compromiso con ella, nuestra participación a través de todos los canales que abre a los ciudadanos, incluidas las manifestaciones autorizadas. En una democracia se puede cambiar de gobierno a través de las urnas (lo primero que rompen los fascistas si llegan al poder). Pero votar es una de las cosas que más odian los apolíticos. Si uno no se fija bien, para entender su problema, podría creerse que el apolítico es un eunuco facha.
En realidad, el apolítico donde mejor vive es en una dictadura. En una dictadura no tiene que “hacer política”, se la dan ya hecha. El apolítico es un gorrón de la democracia: sin mover un dedo (pero sí la lengua contra la política, con lo cual él también está haciendo política), disfruta de todas las libertades y derechos que otros (muchos con grandes sufrimientos) han conseguido. En la dictadura están prohibidos los partidos políticos, así el apolítico no tiene que molestarse en elegir entre unos u otros. Como el apolítico no quiere problemas, sólo quiere que se lo den todo hecho, no critica nunca al gobierno que el dictador, como Franco hacía en España, impone sin consulta a la sociedad. Como no existe un auténtico parlamento, no hay los debates políticos que tanto irritan o incomodan al apolítico, que sólo aspira a vivir bien, cómodamente, sin ningún compromiso sociopolítico, mientras que el dictador de turno decide por él.
La democracia, “el menos malo de todos los sistemas políticos” (Churchill), no es un regalo del cielo. Es algo que construimos todos los ciudadanos día a día. Para que la democracia funcione es preciso nuestro compromiso con ella, nuestra participación a través de todos los canales que abre a los ciudadanos, incluidas las manifestaciones autorizadas. En una democracia se puede cambiar de gobierno a través de las urnas (lo primero que rompen los fascistas si llegan al poder). Pero votar es una de las cosas que más odian los apolíticos. Si uno no se fija bien, para entender su problema, podría creerse que el apolítico es un eunuco facha.
viernes, 5 de marzo de 2010
La muerte no existe
Para el ateo, la muerte no existe. Sólo existen las representaciones que la persona se hace de la muerte: la calavera o la figura envuelta en una amplia capa negra con una guadaña en la mano huesuda, por citar las más corrientes y las menos esperpénticas y simbólicas. Para el ateo la muerte existe como el inevitable hecho de que un día moriremos. Pero si se piensa a fondo, la muerte deja de existir con nosotros. Una vez cerrados los ojos para siempre, la muerte desaparece en la nada. Nadie vive su propia muerte. Sólo existe la muerte de los demás. Es nuestro Yo, si no está concienciado, el que teme a la muerte y el que se aferra a la religiones y a la creencia en el Cielo, la Gloria, el Paraíso o en la vida en el más allá. El Yo deja de existir cuando se apaga nuestro cerebro. Muertos, ya no somos. Ni siquiera tendremos la esperanza de la paz eterna. La paz eterna la hemos de disfrutar, anticipar nosotros, figurándonosla, figurándonos qué tranquilidad significa el no existir. Pero mientras estemos en el planeta, ¡a vivir que son dos días! Hemos de vivir con ética, con respeto y amor a nuestro "próximo", con un gran sentido de la resposabilidad y sintiéndonos solidarios con todos los seres que comparten con nosotros lo que llamamos vida. Pero que no nos den gato por liebre.
jueves, 4 de marzo de 2010
Nuestra lengua: "País cojonudo"
En ningún lugar del mundo se utilizan tanto los testículos, en su versión vulgar, para denotar tantas cosas. Por curiosidad he hecho una selección, que espero sea lo suficientemente completa para que el lector mismo lo vea plásticamente. Sinónimos de “cojones”: huevos, pelotas, cataplines (eufemístico).
¡Y un cojón! Con dos pares de cojones. Tiene cojones la cosa. Hay que echarle cojones a la cosa! Mandar cojones a La Habana. ¡No me toques los cojones! ¡Tócame un cojón! Rascarse (tocarse) los cojones. Pasárselo por los cojones (o por el arco de triunfo). No me sale de los cojones. Los tiene bien puestos (los cojones). Los tiene como el caballo del Espartero. ¿Qué cojones quieres? Te voy a poner los cojones por corbata. A cojón visto, macho seguro. Está de cojón de mico. Por cojones. Por mis santísimos cojones. Estoy hasta los (mismísimos) cojones. Acojonarse. Estar acojonado. No tiene cojones. Estar agarrado por los cojones. Cojones, ya está bien!
Las mujeres, para no ser menos que los hombres, han intentado crear expresiones paralelas utilizando los ovarios. “ No me sale de los ovarios”, “tener los ovarios bien puestos”…La tentativa suena un tanto ridícula. La mayoría de las féminas utiliza las expresiones masculinas, más rotundas. Sólo en un caso tienen los hombres que tomar prestado el órgano sexual femenino: “Escoñarse”. “Descojonarse” se utiliza sólo en la expresión: “se descojonó de risa”.
¡Y un cojón! Con dos pares de cojones. Tiene cojones la cosa. Hay que echarle cojones a la cosa! Mandar cojones a La Habana. ¡No me toques los cojones! ¡Tócame un cojón! Rascarse (tocarse) los cojones. Pasárselo por los cojones (o por el arco de triunfo). No me sale de los cojones. Los tiene bien puestos (los cojones). Los tiene como el caballo del Espartero. ¿Qué cojones quieres? Te voy a poner los cojones por corbata. A cojón visto, macho seguro. Está de cojón de mico. Por cojones. Por mis santísimos cojones. Estoy hasta los (mismísimos) cojones. Acojonarse. Estar acojonado. No tiene cojones. Estar agarrado por los cojones. Cojones, ya está bien!
Las mujeres, para no ser menos que los hombres, han intentado crear expresiones paralelas utilizando los ovarios. “ No me sale de los ovarios”, “tener los ovarios bien puestos”…La tentativa suena un tanto ridícula. La mayoría de las féminas utiliza las expresiones masculinas, más rotundas. Sólo en un caso tienen los hombres que tomar prestado el órgano sexual femenino: “Escoñarse”. “Descojonarse” se utiliza sólo en la expresión: “se descojonó de risa”.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Coalición PSOE/PSOE?
La mayoría de los analistas políticos no descartan que fuese útil para el país una coalición del PSOE con el PP. Pero no parece que ambos partidos estén de acuerdo. El PSOE disfraza la oferta de una coalición con nebulosos “pactos de Estado”, con lo cual no se reconoce que el partido socialista y menos el presidente del Gobierno, Zapatero no están ya en condiciones de gobernar solos a España en las difíciles condiciones socioeconómicas actuales. En vez de una coalición con el PP, el PSOE parece haber cerrado una coalición consigo mismo. En una coalición, como la que preside la conservadora canciller alemana, Angela Merkel con el partido demoliberal (FDP) de Westerwelle, hay muchas y fuertes discusiones sobre el rumbo a seguir. Por ejemplo, en la cuestión de los impuestos Merkel es partidaria de su subida, mientras que Westerwelle, que representa los intereses de los grandes, medianos y pequeños empresarios, quiere una bajada. El demoliberal se opone firmemente a la subida, que desde el punto de vista conservador es la única viable y conveniente. Tras las discusiones, el uno o el otro partido de la coalición tendrá que ceder o dar por roto el “contrato” de coalición y el gobierno tendrá que buscarse otro socio y si no lo encuentra, dar por concluida la legislatura y convocar elecciones anticipadas.
En España parece que existe una coalición del PSOE con el PSOE. Una parte del gobierno parece poner en tela de juicio lo acordado, con la bendición de Zapatero, enfrente de la otra parte. Un reciente ejemplo fue la cuestión de recortar los sueldos de los funcionarios, lo que despertó las iras de este privilegiado estamento. En España habría que introducir la norma alemana de “sueldo según rendimiento”. Tal vez así se acabaría la arrogancia y falta de respeto de funcionarios españoles, que en muchos casos no se matan a trabajar a costa del sufrido público ante las ventanillas. La decisión se ha desvanecido en un limbo que podría ser que sí o que no, más bien esto último. Otra decisión, correcta, del Gobierno de elevar la edad de la jubilación a los 67 años, ha provocado una manifiesta contradicción del Gobierno. Mientras fue anunciada en todos los medios de comunicación, 24 horas más tarde, desde el Gobierno se desmentía la medida. Los débiles sindicatos CC OO y UGT quisieron aquí mostrar sus músculos en contra de la decisión. Lamentable el número de manifestantes que acudieron a las convocatorias en una tema tan importante para la sociedad. El Gobierno tiene razón. Dentro de diez años habrá más personas mayores de 65 años que jóvenes. ¿Quién va a pagar las jubilaciones? En Alemania fue aumentada la edad de la jubilación a los 67 años, sin que se produjera ningún terremoto social. Francia y Gran Bretaña (edad: 67) piensan incluso en subir la edad de la jubilación a los 70 años. En todos los casos se trata de la mayor expectativa de vida como consecuencia de los adelantos en la medicina. El envejecimiento de Europa no puede negarse; bajo tales condiciones no puede mantenerse el llamado “contrato generacional”.
Pero tampoco la oposición está en España a la altura de las circunstancias. En una democracia, el papel de la oposición no se agota en intentar derrocar al Gobierno para conseguir ella el poder. Una oposición democrática consiste también en aportar propuestas para el mejor gobierno de la nación, en insistir en el parlamento en tales propuestas y denunciar como incompetente al Gobierno, que ni siquiera se tome la molestia de discutir las propuestas en el parlamento. Zapatero ha lanzado en repetidas ocasiones la oferta de pactos con el PP. ¿Por qué escurre el bulto Rajoy? Un país no puede sufrir las consecuencias de la ambición de poder de uno y la obstinada ambición de poder del otro, que parecen ver en la política no el servicio al bien común, sino la necesidad de apuntalar unas confusas identidades.
En España parece que existe una coalición del PSOE con el PSOE. Una parte del gobierno parece poner en tela de juicio lo acordado, con la bendición de Zapatero, enfrente de la otra parte. Un reciente ejemplo fue la cuestión de recortar los sueldos de los funcionarios, lo que despertó las iras de este privilegiado estamento. En España habría que introducir la norma alemana de “sueldo según rendimiento”. Tal vez así se acabaría la arrogancia y falta de respeto de funcionarios españoles, que en muchos casos no se matan a trabajar a costa del sufrido público ante las ventanillas. La decisión se ha desvanecido en un limbo que podría ser que sí o que no, más bien esto último. Otra decisión, correcta, del Gobierno de elevar la edad de la jubilación a los 67 años, ha provocado una manifiesta contradicción del Gobierno. Mientras fue anunciada en todos los medios de comunicación, 24 horas más tarde, desde el Gobierno se desmentía la medida. Los débiles sindicatos CC OO y UGT quisieron aquí mostrar sus músculos en contra de la decisión. Lamentable el número de manifestantes que acudieron a las convocatorias en una tema tan importante para la sociedad. El Gobierno tiene razón. Dentro de diez años habrá más personas mayores de 65 años que jóvenes. ¿Quién va a pagar las jubilaciones? En Alemania fue aumentada la edad de la jubilación a los 67 años, sin que se produjera ningún terremoto social. Francia y Gran Bretaña (edad: 67) piensan incluso en subir la edad de la jubilación a los 70 años. En todos los casos se trata de la mayor expectativa de vida como consecuencia de los adelantos en la medicina. El envejecimiento de Europa no puede negarse; bajo tales condiciones no puede mantenerse el llamado “contrato generacional”.
Pero tampoco la oposición está en España a la altura de las circunstancias. En una democracia, el papel de la oposición no se agota en intentar derrocar al Gobierno para conseguir ella el poder. Una oposición democrática consiste también en aportar propuestas para el mejor gobierno de la nación, en insistir en el parlamento en tales propuestas y denunciar como incompetente al Gobierno, que ni siquiera se tome la molestia de discutir las propuestas en el parlamento. Zapatero ha lanzado en repetidas ocasiones la oferta de pactos con el PP. ¿Por qué escurre el bulto Rajoy? Un país no puede sufrir las consecuencias de la ambición de poder de uno y la obstinada ambición de poder del otro, que parecen ver en la política no el servicio al bien común, sino la necesidad de apuntalar unas confusas identidades.
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