lunes, 14 de julio de 2014

Cultura: Lorin Maazel baja la batuta para siempre



El Bayerischer Rundfunk fue uno de los primeros medios en dar la noticia en sus informativos: el director de orquesta estadounidense Lorin Maazel (84) falleció este domingo, como consecuencia de las complicaciones de una neumonía,  en su domicilio de Castleton (Virgina, Estados Unidos). Una gran pérdida para el mundo de la música ya que, probablemente, hubiese podido ejercer durante muchos años su oficio (en su familia son longevos, su padre llegó a alcanzar la bíblica edad de 106 años), si no hubiese sido porque este año comenzó a tener problemas de salud que le llevaron a tener que presentar su dimisión como director de la Filarmónica de Múnich, al frente de la cual se encontraba desde 2012.
 
No les voy a aburrir con una biografía que pueden leer con pelos y señales en Wikipedia, pero sí con algunos detalles de su vida que quizás algunos desconozcan. Considerado como uno de los más grandes directores del siglo XX, este músico nació por esos avatares de la vida en París, donde sus padres (ambos músicos), judíos ruso-americanos, trabajaban por aquel entonces. Desde un principio sus progenitores se dieron muy pronto cuenta de que el pequeño Lorin era un niño prodigio, que con cinco añitos tocaba casi con maestría el violín. Con apenas siete años comenzó a tomar lecciones de dirección con el gran Vladimir Bakaleinikoff.  Cuando sus padres regresaron a los Estados Unidos no lo tuvieron nada difícil para que el niño continuase su formación en las orquestas sinfónicas norteamericanas más famosas, siendo invitado a la temprana edad de 11 años por el propio Arturo Toscanini, a la sazón director estrella de la NBC Symphony Orchestra, a actuar con esa mítica orquesta radiofónica.
 
No es de extrañar pues que, tras su debut en 1955 en Viena, su carrera fuese imparable y que, en 1960, con 30 años, se convirtiese en el primer director de orquesta americano en dirigir el Festival de Bayreuth, templo wagneriano por antonomasia, lo que le catapultó al olimpo de la fama mundial.
 
Tuve la ocasión de ver y escuchar a Lorin Maazel en los años 90, durante su etapa de director de la orquesta sinfónica del Bayerischer Rundfunk (Radiodifusión Bávara) de Múnich, en un concierto dedicado a Gustav Mahler. Fue una indeleble e impactante vivencia, de esas que se quedan grabadas en la memoria de por vida.
 
Lo que muchos no saben es que Lorin Maazel estaba casado en terceras nupcias con Dietlinde Turban, una actriz alemana que estaba llamada a ser la segunda Romy Schneider. Dietlinde era un bellezón de 25 años y una excelente actriz con una prometedora carrera cuando le conoció durante la entrega de los famosísimos premios Bambi y se enamoró locamente del atractivo “maestro”, por aquel entonces un conocido rompecorazones, que le doblaba casi la edad. Ella, la niña de casa bien con estudios musicales de violín, se peleó con su familia, que estaba en contra de la relación con Maazel, tanto por la diferencia de edad como por la merecida fama de don Juan que le precedía. Dietlinde lo dejó todo por él para convertirse desde ese mismo momento en esposa, manager  y, posteriormente, en madre de tres hijos que él, al principio, no deseaba porque ya había tenido descendencia de sus anteriores matrimonios y, entretanto, se consideraba demasiado viejo para ser padre de nuevo.
 
Pero Dietlinde, que quería crear una verdadera familia, supo convencerle, sin dejar por ello de acompañarle siempre a todos los destinos que requerían los contratos de Maazel. Una vida por y para él hasta que exhaló el último aliento, rodeado del cariño de los suyos, en esa granja de Virginia que era su hogar desde hace más de 10 años y que tanto se parece a la casa colonial de Scarlett O’hara en “Lo que el viento se llevó”. Allí, desde 2009, se celebra una vez al año un pequeño festival de teatro, ballet y conciertos, el Castleton Festival, que ha conseguido alcanzar fama mundial, en el que Lorin Maazel participaba de forma activa y por el que todos los virginianos también le guardarán por mucho tiempo en su memoria puesto que su viuda tiene la intención de continuar su obra.
Margarita Rey


 

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