viernes, 26 de septiembre de 2014

Pincelada: ¿Sobrevivir al otoño?




Mi última “Pincelada” trataba sobre el equinoccio de otoño. Hoy me referiré al otoño propiamente dicho, que se suele caracterizar por ese mal tiempo tan desagradable (lluvia, viento, granizo) que precede al frío de verdad. Es la época de los resfriados y de las depresiones, conocidas como depresiones otoñales que, con la disminución de la luz solar, afectan a un elevado número de personas.

Empecemos pues por abrigarnos como la estación lo requiere para evitar gripes y  resfriados. También ha llegado la hora de activar nuestras defensas, que ahora están en sus horas más bajas, porque nuestro organismo todavía no se ha adaptado ni a los cambios bruscos de temperatura ni a la humedad tan típicos de esta estación. Y la forma más natural de hacerlo es utilizando los alimentos que, año tras año, nos regala la madre naturaleza y que nos aportarán todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita para esquivar las enfermedades que nos acechan en esta época.

Ahora deberíamos de comer setas, castañas, higos y caquis, que nos aportan mucha vitamina B. Y no está de más completar la dieta con yogur  o con esa bebida que Lola Herrera anuncia en la tele. Por supuesto, no hay que olvidar la ingesta de suplementos naturales como la miel, la jalea real o el propóleo (también conocido por su nombre griego, própolis), a poder ser acompañados  de un poco de ejercicio al aire libre, para aumentar nuestras defensas.

¡Ah, y no se olviden de lavarse a menudo las manos! Esto les ayudará también a protegerse contra los gérmenes del resfriado y de la gripe, que esperan agazapados la ocasión propicia para atacarnos sin piedad.

Margarita Rey

Viajes: Sin españoles por el mundo



Desde que nos mudamos al nuevo piso cerca del parque no he encontrado el momento de archivar algunos de los papeles que tenía guardados en cajas, de algunos de los cuales había olvidado completamente su existencia.

Este es el caso de los cuadernos de viajes que me dio por empezar a escribir, de forma muy sucinta, sólo para refrescar la memoria, entre finales de los años sesenta y principios, cuando a los españoles que viajábamos por el extranjero aún se nos miraba como a seres exóticos. Por eso he titulado esta columna, en un claro guiño a un conocido programa de la televisión, “Sin españoles por el mundo”.

Ahora que la tele está plagada de programas donde se ve a compatriotas pasearse por todo el planeta, he pensado que quizás podría interesarles leer de cuando en cuando uno de estos relatos de la abuela cebolleta, escrito a partir de unos viejos apuntes plagados de anécdotas de los viajes emprendidos por dos personas que siempre se han desplazado por Europa (el miedo a los vuelos de larga distancia nos ha impedido cruzar el Atlántico) de forma individual y, salvo en contadas excepciones como los cruceros, casi nunca en viajes organizados.

Algunas de las impresiones son muy curiosas y otras, simplemente, plagadas de graciosas anécdotas. Como dicen los alemanes citando al poeta Matthias Claudius, “Wenn jemand eine Reise tut, so kann er was erzählen”  y que traducido libremente significa más o menos “Quien viaja, tiene luego muchas cosas que contar”.  

O sea que, a partir de la próxima semana, tendremos una singular cita ocasional con algún lugar de la geografía europea entre los muchos que Manuel y yo visitamos años ha, en tiempos en los que para la mayoría de los extranjeros eso de “ser español”  era sinónimo de ir vestido de torero o de flamenca.

Margarita  Rey

Pensamiento






“No sentir el cuerpo es señal 
de una perfecta salud” 


M.M.



miércoles, 24 de septiembre de 2014

Leído en la Prensa: Gallardón dimite




Toda la prensa española se hace eco hoy de la dimisión del Ministro de Justicia y de su decisión de dejar definitivamente la política y abandonar su escaño en el Congreso de los Diputados, así como su puesto en el Comité Ejecutivo de su partido. Hay comentarios para todos los gustos, la mayoría de ellos de una ecuanimidad que casi asusta dada la catadura del personaje, que iba de "progre" por el mundo hasta que, con su cartera de ministro todavía oliendo a nuevo, nos dejó a todos bien claro de qué pie realmente cojeaba y que lo suyo hasta entonces sólo había sido jugar al despiste para que creyésemos que no era lo que de verdad siempre ha sido: un derechón trasnochado.

Por eso, he elegido un comentario políticamente incorrecto pero que, a mi parecer, se ajusta más que ninguno de los que hoy he leído a la realidad pura y dura. Es de Jesús Cacho en el diario digital Vozpópuli y dice así:

"Se fue el caimán que iba para La Moncloa
Un día que me fui a bañar, por la mañana temprano / Ví un caimán muy singular, con cara de ser humano / Se va el caimán, se va el caimán… El caimán que iba para La Moncloa anunció ayer su huida definitiva (¿definitiva?), víctima, la última, la ultimísima, de ese tipo que vino del frío, de nombre Mariano y apellido Rajoy, el hombre que los mata callando, el verdugo que a pie de guillotina se dedica a recoger las cabezas de sus enemigos sin necesidad siquiera del más leve gesto. Quienes nos declaramos admiradores de la brillante teatralidad del nieto de Tebib Arrumi (Víctor Ruiz Albéniz, cronista oficial del franquismo), nos sentimos ayer decepcionados, casi estafados. Porque más menos esperábamos una puesta en escena similar a aquella inolvidable en que, umbral del despacho del jefe, planta 7 de Génova, protagonizó un histórico lloriqueo, “no me podéis hacer esto, llevó 30 años en este partido, ayudé a fundarlo, me he dejado la vida y nunca he pedido nada”, para anunciar que se iba, que no se sentía querido, de modo que “después del 9 de marzo dejaré la política”, todo porque Esperanza Aguirre, su enemiga del alma, le acababa de cerrar el paso (“si él va, yo también”) como número 2 de las listas del PP a las generales de 2008.

Es evidente que Alberto Ruiz-Gallardón no se fue tras aquel 9 de marzo de 2008 (“¡Os vais a joder, os vais a joder, porque Alberto, que es lo mejor que tiene la derecha española, va a tirar la toalla y va a dejar al partido plantado…!”, decía meses después en el restaurante La Rabia, alrededores de Comillas, casi a voz en grito, su tío el notario Rafael Ruiz-Gallardón, su verdadero padrino). Y no se iba porque en los genes de Albertito estaba escrito que había nacido para ser presidente del Gobierno de España, ni más ni menos. Es evidente que en un país donde una acémila que sonríe, un penco de León como Zapatero, fue capaz de llegar a la presidencia del Gobierno y ser reelegido para un segundo mandato es injusto, además de imposible, negar a un pico de oro, a un cerebrín -opositor por excelencia-, a un embaucador de la talla de Ruiz-Gallardón el derecho a aspirar al Olimpo.

Pero no. Ayer resultó que no, ayer pasó que el señorito Alberto defraudó a sus fans porque, como si de un tipo normal se tratara, anunció su dimisión sin más. En uno de esos ejercicios de fingida humildad a los que nos tiene tan acostumbrados, el sujeto dijo adiós a los sueños, adiós a la grandeur, adiós también a las ilusiones que sus poderosos amigos del dinero habían puesto y mantenido en él en espera de ese momento inolvidable en que Alberto recibiera por fin el cetro de oro. Dimisión como ministro de exJusticia, porque Justicia, lo que se dice Justicia, ya no queda, que él mismo se ha encargado de cepillarse lo que restaba de ella, no mucho, por cierto. Despedida también como diputado y adiós igualmente a los cargos en la dirección del partido. Ilusiones desmochadas, hojas caídas del árbol de un otoño cargado de malos presagios.

Para llegar a ese objetivo de la Presidencia del Gobierno, el personaje sometió al respetable a todo tipo de piruetas en el alambre de una ideología inexistente más allá del conservadurismo propio de una familia de derechas de toda la vida. La más llamativa de las cuales fue su pasión por disfrazarse de “progre” irredento, tal vez convencido de que sin el concurso electoral del centro izquierda o una parte de él sería imposible alcanzar la cima desde la cual se divisa el amplio, triste, soez mundo de los mortales desprovistos de su inigualable verbo y su florilegio gestual. Y algunos “progres” leídos, empeñados en laurear la cabeza de Albertito con música de Mozart, verso de Rilke y cita de Brecht, llegaron a creérselo, como se lo creyó el grupo Prisa en los días en que Prisa lo era casi todo en este país, ahora que ya no es casi nada, verdura de las eras, “recuerdos viejos de hace 50 años” que decía el Diario Palentino de mi Tierra de Campos.

Lo más parecido al Movimiento Nacional
Lo de Alberto Ruiz Gallardón era bastante más sencillo. Lo suyo fue el dilema al que Primo de Rivera y Sánchez Mazas, fundadores de Falange, se enfrentaron al enfilar las generales de 1933: ¿Ir en las listas de la derecha o de la izquierda? “Al final salió el señorito que llevaban dentro y optaron por las derechas”. Gallardón es un “falangista de derechas”, como acertadamente lo definió su propio padre, que ha tenido la astucia, que eso no le falta, la picardía, que de eso va sobrado, de teñir la camisa azul con el tinte de un tiempo capaz de difuminar el más abrupto de los perfiles, y con ese baño de fingida progresía se ha estado presentando durante años ante los españoles como epítome de la modernidad, una mano tendida a diestra y otra a siniestra, superador de clases e ideologías, porque a todas su talante comprende, todas su gran humanidad abarca: él era, sigue siendo, lo más parecido al Movimiento Nacional que es posible encontrar casi cuarenta años después de la muerte de Franco.

Su problema, el de Alberto Ruiz-Gallardón, es que seguramente es menos listo de lo que él piensa, o un poco más tonto de lo que su suegro, Utrera Molina, siempre ha sospechado. Porque este hombre todo obsesión por el poder, este profesional de la política, quiso siempre llegar tan lejos, tan rápido, “volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”, que sus piruetas, sus pactos, sus componendas, sus maniobras quedaban enseguida al descubierto, porque él mismo, ¡ay, sus eternas prisas!, se encargaba de ponerlas pronto al descubierto, tan rápido pretendía correr que se daba con los zancajos en el culo, un defecto que se convirtió en su talón de Aquiles, porque el hombre pretendidamente brillante resultaba en extremo previsible, sus enemigos sabían al minuto dónde andaba, qué preparaba, qué le gustaba, aparte, dicho sea de paso, de la compañía de amigos ricos, las mujeres de penca larga –Paessler, Corullas y un largo etcétera), y el dinero, mucho el dinero.

Al final, el alcalde que endeudó a Madrid hasta lo absurdo con proyectos faraónicos de más que discutible eficacia no ha sido capaz de llegar a la meta (“Alcaide es lo mesmo que Cid”, que dice el diccionario de Cobarruvias) de la Presidencia. Cayó víctima de lo que muchos piensan no ha sido sino una trampa saducea, una celada tendida por ese presidente del Gobierno al que tantos elogios dedicó ayer en público y a quien tan agriamente puso a parir, también ayer, en privado. Muchos opinaban, en efecto, que lo de la Ley del Aborto era un divertimento que Rajoy puso al pollo para que picoteara entretenido mientras el Gobierno se afanaba en recortes y ajustes varios. Lo que nadie sabe, por ahora, es por qué el pollo se dejó meter en la jaula, cínico y descreído cual es, alejado de todos los dioses cuya efigie no venga dibujada en billetes de curso legal, a ser posible de 500 euros. Se lo creyó Gallardón y sacó el conservador, el derechón que lleva dentro, con una ley innecesariamente carca que ni siquiera una mayoría del PP reclamaba. Y, llegado el momento, Mariano lo dejó en la estacada. Le dio la estocada. Dos orejas y rabo, y una nueva muesca en la culata del revolver del hombre impasible que los mataba sin mover una ceja.

Rehén del capitalismo madrileño
Tan rápido iba el chico, tal cara de velocidad llevaba, que ha terminado por salirse en la primera curva como ministro de Justicia, no sin antes dejar a la Señora hecha unos zorros, a esa pobre, doliente Justicia española, vilmente tironeada por una clase política que humilló su independencia hasta convertirla en fulana de los poderes Ejecutivo y Legislativo. La Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) ha acabado, en efecto, con los magros restos de independencia judicial que restaban, poniendo en al estamento entero, jueces y fiscales incluidos, en pie de guerra. Difícil tarea la de sus sucesor, a la hora de tratar de reparar los daños causados por este impenitente saltimbanqui.

Siempre he sostenido que un político profesional como Alberto Ruiz-Gallardón era un peligro para una democracia de tan baja calidad como la española. Las relaciones empresariales del personaje conforman, junto con los temas de bragueta, el dark side de un tipo que ha sido rehén del capitalismo madrileño más castizo, empezando por Florentino Pérez (ACS) y siguiendo por una larga lista cuya cita les ahorro. El riesgo de un Gallardón convertido en presidente del Gobierno hubiera sido demasiado alto. Con el apoyo de ese cutre capitalismo especulador y el mediático de unos grupos de comunicación en estado de quiebra, un tal Gobierno hubiera supuesto seguramente descender el último peldaño en la escalera de la definitiva degradación de un sistema ya muy castigado por corrupciones y arbitrariedades de todo tipo. Bien ido sea, pues, el Gallardón político. Bienvenido sea el ciudadano Gallardón, a quien cabe desear toda la suerte del mundo en su descenso a los infiernos de la cotidianeidad".

Fuente: Vozpópuli (vozpopuli.com)
Autor: Jesús Cacho

La descripción que hace Cacho del camaleónico Alberto Ruiz Gallardón es descarnada y la crítica de su gestión política, si bien un tanto radical, da como un dardo certero en la diana.

No sé si a ustedes les ocurrirá lo mismo, pero a mí, retrospectivamente, la lectura del currículum del ex ministro de Justicia me causa un cierto escalofrío. Para qué andarse con eufemismos, la vocación política de Gallardón ha tenido como único fin estar toda su vida al servicio de sí mismo y no al servicio del pueblo. Su meta era llegar a Presidente y ha fracasado en el intento. Ha hecho bien en renunciar al cargo porque, como político, ya estaba amortizado. Rajoy lo sabía (las encuestas, donde el descenso de su popularidad se hace patente, hablan por sí solas) y le desautorizó aparcando sine die su ley del aborto. ¡Qué remedio le quedaba a Gallardón, después de que Rajoy le dejase caer como una patata caliente, que cumplir su amenaza de dimitir! Una amenaza repetida como un mantra a lo largo de su carrera política que, hasta ahora, nunca había tenido el coraje de hacer realidad.

M.R.

Pincelada: El equinoccio




El ingenioso, a la par que triste, “doodle” animado de Google, en el que los árboles iban perdiendo poco a poco sus hojas, se encargó de refrescarme la memoria: exactamente a las 4 horas y 29 minutos de ayer, martes 23 de septiembre, había dado comienzo el otoño. En la noche del 22 al 23 se produjo el llamado “equinoccio de otoño”, un fenómeno natural que marca el inicio de esta temporada en el hemisferio norte y el comienzo del verano en el hemisferio sur. En el hemisferio norte, el paso del invierno a la primavera se llama el equinoccio primaveral, mientras que en el hemisferio sur, el paso del verano al otoño se llama el equinoccio otoñal.

La palabra equinoccio proviene del término latín “aequinoctium” que significa “noche igual”. En la escuela nos enseñaron que el equinoccio es el momento en que el sol forma un eje perpendicular con el ecuador. En esa fecha, al caer los rayos perpendicularmente sobre nuestro planeta, el día y la noche tienen la misma duración en todos los lugares de nuestro planeta, no como el resto del año cuando la rotación es desigual. Ese prodigio de la naturaleza se produce dos veces al año, en primavera y en otoño. En el equinoccio de otoño, la tierra, en su giro alrededor del sol, se sitúa en una posición, en la que el sol alcanza su zenit en el plano del ecuador terrestre.

El equinoccio de otoño sólo puede producirse en cuatro días señalados del año, del 21 al 24 de septiembre. En la primera y segunda década de este siglo, el fenómeno tendrá lugar siempre entre el 22 y 23 de septiembre.

A partir de ahora, los días se irán poco a poco acortando y las aves provenientes de países más fríos vendrán, como muchos turistas nórdicos, a pasar el invierno a nuestro país, mientras que las nuestras iniciarán el flujo migratorio hacia el sur donde, en los países africanos, encontrarán la calidez de clima al que están acostumbradas.

Con el otoño llega también el momento de sacar los paraguas. Precipitaciones y tormentas están a la orden del día. Tenemos que reforzar nuestro sistema inmunológico porque estamos entrando en la estación de los temidos resfriados que se pillan, sobre todo, en las aglomeraciones. Especialmente los ancianos (como califican en los medios de comunicación, con gran mosqueo de los que pertenecemos a ese grupo, a los que ya hemos rebasado los 60), son muy propensos al contagio. Por eso hay que ir pensando poco a poco en vacunarse.

Muy habitual en esta época del año es la llamada depresión otoñal, que suelen sufrir sobre todo personas pertenecientes al colectivo de la tercera edad. Pero es mayormente en los países nórdicos donde la disminución de la luz solar influye de forma especialmente negativa en la población. Muchas personas sufren trastornos psíquicos tan graves, que pueden llevarles incluso al suicidio.

Y para el que todavía no se haya enterado, el último domingo de octubre, que este año cae en 26, es el día del cambio de hora. En la mayoría de países europeos el reloj se retrasa de las 3.00 a las 2.00 de la madrugada. Ello nos permitirá disfrutar de una hora más de sueño, pues ese día tiene administrativamente una hora más.

Según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional, el otoño 2014 durará 89 días y 20 horas y finalizará el 22 de diciembre, que es cuando comienza oficialmente el invierno.

Margarita Rey


Pensamiento






“En cada sueño hay una brizna de tristeza”

M.M.





lunes, 22 de septiembre de 2014

Atalaya: La Bolsa




Estoy seguro de que la mayoría de la población no entiende las noticias y comentarios  sobre la Economía y la Bolsa en los medios de comunicación. Y no sólo en España,  sino en el resto de los países. Creo que en los países donde más se vive la Economía y se juega en la Bolsa, no llegarán a un 8%, en el mejor de los casos, los que sepan de qué va. Pero lo curioso es que todos hablan de dinero, sobre todo quienes no lo tienen, y de especular, si cuentan con, digamos, unos cinco mil euros. Parece que todos quieren hacerse ricos con los intereses y, en vez de guardar su modesto dinero en una sencilla cartilla, lo colocan en una “cuenta depósito”, porque los bancos les prometen mayores intereses, pero, eso  sí, no podrán disponer de su dinero en el momento que lo necesiten. Habrán de cumplir el plazo estipulado entre el cliente y la entidad bancaria. Aunque, a veces, como en el escandaloso caso de “las preferentes”, al cliente les hubiese valido más guardar el dinero debajo del colchón para evitar ser desplumado por los Bancos en un caso de fraude bancario sin precedentes en España.

En nuestros días la vida gira más en torno a la Economía que a la Política, que cada vez es más dependiente  de grandes centros de poder, como Wall Street , el Fondo Monetario Internacional o el Banco Europeo. Por eso, no estaría de más que en las escuelas e institutos se enseñen los elementos básicos de la Economía, mucho más útiles que esas asignaturas religiosas, basadas en lo irracional y fantástico.

La Bolsa es un mercado en los que se comercializan determinadas clases de productos, un punto de encuentro o de contacto entre empresarios e inversores (ahorradores o, simplemente, especuladores). En la Bolsa se ponen de acuerdo  vendedores y compradores para comprar y vender algo por un precio. Estos dos términos son de esencial importancia en la Economía.  Sin empresarios ni “ahorradores” no habría Bolsa. El mercado bursátil resuelve el problema de la valoración de los activos  financieros a través del mecanismo de la oferta y la demanda. Para que el sistema bursátil sea efectivo es preciso que la información dada al cliente sea lo más transparente posible.

Y precisamente eso fue lo que le faltó al ingenuo e ignorante colectivo de víctimas de las llamada Preferentes, generalmente ancianos, que confiaron los ahorros de toda una vida a desalmados estafadores, aprovechándose del respeto y la confianza que suelen infundir a personas mayores los empleados de entidades como las cajas de ahorro. Pero también hay que recordar a “esos inversores” el dicho de “no meterse en camisas (bancarias) de once varas” o ese otro que dice: “la avaricia rompe el saco”. En cualquier caso,  si usted desea y puede invertir o jugar en Bolsa, acuda a un asesor financiero acreditado y avalado por su buena fama. 

Jugar en Bolsa no tiene en absoluto nada que ver con las cutres y fraudulentas “Pirámides”, perseguidas por la policía, en las que unos sinvergüenzas bien trajeados estafan  a personas de diversa procedencia y clase social invitadas a un acto de presentación, organizado sólo con ese fin, por ejemplo en el salón de un hotel. Entre los invitados hay cómplices que hacen correr la voz de lo rico que se pueden hacer los ingenuos allí congregados, si invierten en el “maravilloso negocio” que, a la postre, sólo resultará pingüe para los promotores del sistema piramidal en cuestión. 

Mucho peor que la “Pirámide” es la corrupción, porque nos atañe y perjudica a todos. Los procesos por corrupción son en España más lentos que “el caballo  del malo”. Ahora estamos viviendo el comienzo del largometraje “El honorable Pujol”,  que junto al culebrón de la “independencia” de Cataluña viene  copando desde el verano todos los medios informativos. ¿Conseguirá destaparse la cuantía exacta de la fortuna amasada a lo largo de los años por el clan Pujol-Ferrusola, presuntamente robada a los catalanes y demás españoles, o logrará la “honorable” mantenerla a salvo del ministro Montoro en los múltiples paraísos fiscales donde supuestamente anida?
                                                                                                                                            

Pincelada: El poblado Western




No sé si vieron a principios de agosto el programa de La 1, "Comando Actualidad", titulado "Trabajo sin tregua", donde se hablaba de trabajos veraniegos sui géneris, con los que algunos españoles tienen la posibilidad gracias a la estación estival, ligada al turismo, de mejorar un poco su maltrecha economía.

Y, por los recuerdos que me trajo, llamó especialmente mi atención el espacio dedicado a Tabernas, ese poblado del oeste en Almería donde hace medio siglo se rodaron innumerables “spaghetti-western”, entre los que destaca la mítica trilogía “del hombre sin nombre”, dirigida por Sergio Leone, con la inigualable banda sonora de Ennio Morricone como telón de fondo: “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio”  y “El bueno, el feo y el malo”, que catapultaría a la fama a un joven y guapísimo Clint Eastwood.

Me explico. Allá por los años 90, cuando yo, entre otras cosas, trabajaba de redactora independiente de gastronomía y viajes para algunas publicaciones alemanas, en uno de mis recorridos por España me tocó visitar Almería, donde una nueva clase de turismo, el termal, todavía en mantillas por aquel entonces en esa provincia andaluza, se empezaba a promocionar en el extranjero. Mi misión era dar a conocer la región, de la que en Alemania apenas sonaba el nombre de un par de pueblecitos costeros como Roquetas o Aguadulce y presentar al público germano algunos balnearios almerienses cuyas aguas, de reconocidas propiedades curativas, gozaban de gran prestigio por la zona desde los tiempos de Al-Andalus.

Mi itinerario me llevó a un pueblecito poco conocido en España (y mucho menos en el extranjero), Pechina, cuyos manantiales ya fueron utilizados por los romanos, lo que se ve en las albercas que construyeron allí y que, mejoradas por los árabes, todavía se conservan. Una localidad singular, cuyo pasado musulmán y morisco se mantiene vivo hasta el día de hoy. Así, en el subterráneo del hotel-balneario Sierrra Alhamilla, donde pasé una corta estancia disfrutando de las aguas termales, se encuentran los baños romanos y siete bañeras de mármol blanco. Las albercas primitivas están construidas sobre las ruinas romanas y árabes cimentadas y constituyen uno de los principales atractivos del Balneario. 

Me acompañaba mi buena amiga Erika, la primera alemana (de origen austriaco) que conocí cuando llegué a Múnich en 1965 y con quien compartí habitación en la residencia de estudiantes. Si no hubiese sido por ella, jamás me hubiese acercado al poblado western de Tabernas, pero a ella le hacía “ilu” ver de cerca el escenario de esas pelis que solíamos ver en grupo cuando yo todavía era una medio forastera en Múnich.

Estábamos a mediados de mayo y el turismo, afortunadamente, era todavía escaso. Para llegar a Tabernas tuvimos que atravesar ese horror que son los invernaderos con sus cubiertas de plástico, bajo las cuales se cultiva de forma intensiva la verdura que inunda los mercados europeos y constituye la principal fuente de riqueza de la región. 

No quiero explayarme sobre ese “mar de plástico”, totalmente contrario a mi forma de concebir la explotación hortofrutícola de la tierra, pues no tiene nada que ver con el tema que estamos tratando y que nos llevará, después de tanta elucubración, por fin, a Tabernas, un auténtico desierto en territorio almeriense y el único de esas características en el continente europeo.  Ese paisaje casi lunar, cuya espectacular desolación le hace equiparable a esos horizontes lejanos que nos muestran las películas del oeste norteamericanas, fue lo que le hizo tan interesante para la industria cinematográfica europea de la época que pudo rodar allí memorables películas a muy bajo coste, dando de comer así a muchos habitantes de la región que, por aquel entonces, no tenían más remedio que emigrar para ganarse el pan.

La verdad sea dicha, el poblado nos desilusionó bastante. Era más bien cutre y estaba bastante desvencijado. Lo que todavía quedaba en pie de la otrora próspera industria cinematográfica, estaba en un estado lamentable y los atuendos de los pobres actores también dejaban mucho que desear.

Por eso me quedé tan gratamente sorprendida cuando vi el reportaje de “Comando actualidad”. ¡Menudo negocio se ha montado entretanto en torno al poblado western! Convertido en parque temático con diversas zonas de entretenimiento, entre ellas una reserva zoológica, los visitantes pueden disfrutar de atracciones muy variadas, entre las que cabe destacar las estupendas y realistas peleas, protagonizadas por “cascadeurs” (especialistas) profesionales, que parecen salidos de uno de esos clásicos con John Wayne.

Bien vestidos y comidos, estos artistas-trabajadores no tienen nada que ver con los humildes participantes en el espectáculo que hace más de veinte años presencié en compañía de Erika, aunque, si les soy sincera, también ellos nos hicieron pasar un buen rato.

Margarita Rey