lunes, 18 de enero de 2016

Leído en la Prensa



Sentido común en los ciudadanos y aventurerismo en los partidos

Este lunes el rey Felipe VI, en un ambiente enrarecido y de absoluta falta de consenso, comienza a recibir en el Palacio de la Zarzuela a los representantes de los 16 grupos políticos representados en el Congreso de los Diputados, para decidir a qué candidato presenta al Parlamento, para ser investido Presidente por mayora absoluta, o mayoría simple. Es la primera vez que el nuevo Rey ejerce esta prerrogativa contenida en el artículo 99 de la Constitución, y es también la primera vez que después de la primera votación y trascurrido el plazo de dos meses, se puede ver obligado, ante la imposibilidad de que ninguna de los candidatos alcance esa mayoría, a disolver las Cortes, disolución refrendada por su nuevo presidente Paxti López, para la convocatoria de nuevas elecciones.

De esta forma se pone en marcha el proceso para la investidura en la que también, por primera vez, puede salir un candidato que no sea el más votado, como ha sido la costumbre parlamentaria, desde las elecciones de 1979 en las que fue investido presidente Adolfo Suarez que obtuvo 168 diputados y que fue apoyado por Coalición Democrática y el Partido Socialista de Andalucía (PSA). En esta ocasión el más votado, Mariano Rajoy será el primer propuesto por el Rey, aunque su propuesta de Gran Coalición (PP-PSOE-C´s) no parece que tenga mucha viabilidad, por la oposición frontal del PSOE de no pactar con el Presiente en funciones que, a estas alturas, ni siquiera ha podido explicarle a Sánchez sus propuestas. Fuentes allegadas a la Moncloa indican que no se producirá ninguna otra entrevista con Sánchez, que según las mismas fuentes, puede estar sobreactuando para apartar a Rajoy y obligar al PP a presentar a otro candidato a la investidura en posteriores intentos.
 
El otro candidato, el socialista Pedro Sánchez, enfrentado abiertamente con los barones de su partido, después de ceder cuatro senadores a Esquerra y Convergencia para que puedan formar grupo parlamentario, tampoco parece que tenga muchas posibilidades de formar ese “Gobierno de progreso” o “pacto a la portuguesa”, con Podemos, y otras fuerzas minoritarias. Es verdad que esa sería la gran salida personal de Sánchez, que ha empezado a actuar en contra del Comité Federal, insistiendo en que, como secretario general del partido y como candidato de la segunda fuerza política, tiene las manos libres y, la obligación de intentarlo, en el caso de que Rajoy fracase. Una posible salida para él, si se resiste a la Gran Coalición con otro candidato que no sea Rajoy, pasaría por un posible Gobierno formado por miembros del PP y de Ciudadanos, sin Rajoy y con su abstención. Incluso, aunque difícil, un gobierno PP con acuerdos puntuales. Sería un Gobierno muy débil y expuesto permanentemente a una moción de censura. A pesar del nerviosismo reinante todavía estamos en la fase previa y la solución puede llegar en el último momento como pasó en Cataluña, donde, como ahora, los dos partidos mayoritarios no están interesados en nuevas elecciones.

Sin embargo cuando este lunes el Rey comience la ronda de consultar del Jefe del Estado, Felipe VI, se encontrará con la perspectiva de que la salida más probable a la actual situación será, esas nuevas elecciones. Unas nuevas elecciones que, según una encuesta de “Metroscopia” para El País, no solucionarían mucho, ya que se consolidaría el cuadripartito, con una ligera subida del PP y Podemos (que sobrepasaría al PSOE en punto y medio), y una subida de tres puntos de Ciudadanos, el más favorecido por una nueva convocatoria, que sigue teniendo a su líder Albert Rivera, como el político más valorado.

La mayoría de los encuestados se muestran contrario a una repetición de las elecciones y un 61% desea que los partidos logren acuerdos que permitan la formación de un Gobierno, y no unas nuevas elecciones. Para evitar esas elecciones siete de cada diez votantes declaran que el acuerdo, pacto o coalición que les parecerá preferible será, pura y simplemente, los que decidan el partido al que han confiado su voto. Todo un tratado de sentido común, algo que no parece predominar en los partidos que o juegan a intereses personales de sus dirigentes o a forzar unas nuevas elecciones, convencidos de que pueden arrancar algún punto, e incluso, alguna décima de punto, para su formación, en lo que es puro aventurerismo. Una jugada que iría en contra de los intereses de estabilidad del país y que para sus defensores sería de dudosa eficacia.

Fuente: República.com
Autor: José Oneto


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