martes, 3 de diciembre de 2013

Pincelada: María Callas




Esta mañana Google me sorprendió con su página de inicio (eso que llaman “el doodle de Google”) dedicada a María Callas. Luego supe el porqué de tal honor. Si es cierta la fecha que figura en su biografía oficial, María Callas hubiese cumplido hoy 90 años.
 
Vaya por delante que soy una gran aficionada a la ópera desde los 14 años y eso gracias a mi tía Conchita, que tenía una voz cristalina, con la que probablemente hubiese podido llegar a hacer carrera de no ser por las circunstancias de la guerra civil, que la obligaron a cambiar de país poco después del fallecimiento de su padre, meses antes de finalizar la contienda.
 
No les voy a cansar con datos de la carrera de la diva. Para ello está Wikipedia que los ha recopilado con bastante rigor (ver enlace). A mí, aparte de esta voz prodigiosa que sólo se da una vez cada siglo, siempre me interesó el instinto de superación de alguien, quien, a pesar del especial don que la naturaleza le había concedido, dadas sus circunstancias familiares y su aspecto físico (al inicio de su carrera pesaba 120 kilos), tenía todas las papeletas para haberse convertido en una marginada, en una perdedora.
 
Pero no. María Callas adelgazó y alcanzó su meta principal: triunfar en los escenarios y convertirse en "primadonna assoluta", pero jamás consiguió la felicidad. Un matrimonio de conveniencia con un hombre casi treinta años mayor que ella, Giovanni Battista Meneghini, más padre que marido, más mentor que amante. Relaciones complicadas con homosexuales, galanes de paso y un gran amor, Aristoteles Onassis, que la dejó plantada para casarse con otra, Jackie Kennedy, a sabiendas de que ésta le quería tan sólo por su dinero.
 
María nunca se recuperó de este gran desengaño. Ya en el ocaso de su carrera, tuvo que enfrentarse al inicio de su declive como mujer. Hacía tiempo que tomaba antidepresivos y tranquilizantes que estaban debilitando poco a poco su corazón.
 
Cuando su gran amigo, el tenor Giuseppe DiStefano, adicto al juego, le pidió que le ayudase a salir de la ruina en la que se encontraba, accedió a dar con él una gira de despedida por todo el mundo. Una gira mayormente decepcionante, ya que su voz había perdido el brillo y la fuerza que la llevaron a la cúspide de la fama.
 
Recuerdo con tristeza su defraudante actuación a finales de noviembre de 1973 en el Kongress-Saal des Deutschen Museums de Múnich, donde una diva de voz cansada no supo entusiasmar al numeroso público que había luchado por conseguir una entrada a un concierto que se había anunciado a bombo y platillo como “el evento del año”.
 
Fue su última gira. De regreso a París, donde había fijado su residencia, se retiró a su lujoso apartamento donde poco a poco se dejó morir de tristeza. El 16 de septiembre de 1977, con sólo 53 años, María Callas falleció víctima de un infarto de miocardio. La muerte de su siempre amado Onassis en 1975 y los medicamentos acabaron por destrozar su maltrecho corazón.

Margarita Rey

 

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