jueves, 20 de octubre de 2016

Atalaya: El declive de la socialdemocracia






Las democracias europeas, fuertemente mediatizados los gobiernos y los políticos por el todopoderoso neocapital, (legal o ilegal, es ya casi lo mismo), no acaban de estar a la altura del cambio de sistema paulatina, pero firmemente, que está llevando a cabo el capitalismo, detrás de ese cínico término “neoliberalismo”. Lo más alarmante para un demócrata es que los partidos llamados “conservadores” sigan siendo votados por una mayoría de ciudadanos, que en realidad están votando contra sí mismos, ya que tales partidos son, con un poco de maquillaje social, los brazos del gran pulpo capitalista.

La consecuencia de la falta de una fuerte contestación de izquierda a través de los partidos socialistas o socialdemócratas, es que en los principales países de la Unión Europea están emergiendo nuevos partidos, que pronto sustituirán a los llamados partidos del centro que no son otra cosa que el derechismo capitalista con la cara lavada. Desde la II Guerra Mundial, la sede principal del capital, EE UU, presionó a los partidos socialistas europeos para que se apartaran un tanto de la izquierda y pasaran a llamarse socialdemócratas (SPD alemán, Labour británico, PS  francés, PSOE, PASOK griego, PS portugués, etc.). De ahí hasta caminar hacia el centro, que en el fondo es neutralidad, había solo un paso. Ahora vivimos en Europa, so pretexto de luchar contra el terrorismo yihadista, el fuerte revivir de los nazis, que han superado a partidos como el liberal-demócrata alemán (FDP) y podrían formar un bloque ante los partidos democráticos de izquierda. Desde la crisis económica de 2008 la ultra derecha está en auge. En Francia, Bélgica, Holanda y Austria su crecimiento es espectacular. En Europa tenemos el calamitoso fracaso del socialismo descafeinado, envuelto en su capa de centrista.
 
El SPD y el PSOE, si continúan con su política de agradar al capital, están abocados a desaparecer y ser sustituidos por coaliciones de fuerzas políticas radicales de izquierda. Si la demagogia no lo impide, ese nuevo partido de izquierda podría ser a la larga en España “Unidos Podemos”, esa coalición entre Podemos y lo que queda de IU (Izquierda Unida, antiguo Partido Comunista y otros grupúsculos). La democracia se hunde con los  extremismos. Con el viejo PP del ex ministro de Franco, Fraga Iribarne, no será posible en España el cambio después de 40 años de democracia hacia una España moderna y más justa, la España del progreso en una Europa que vaya siendo más la Europa de los ciudadanos que la del euro.
 
En fin. En las segundas elecciones del 26J una mayoría de la ciudadanía española pareció no estar por el “cambio y el progreso” propugnados por la nueva formación política “Unidos Podemos”, que sufrió un gran descalabro (más de 1 millón de votos menos que el 20 D). Por miedo, según Pablo Iglesias, los votantes volvieron a  preferir a la “caverna” de Génova, desde donde impera escondido Mariano Rajoy. Lo cierto es que muchos no le perdonaron al “coleta” su nefasto papel al negarse a apoyar a Pedro Sánchez y Albert Rivera (C’s) en su tentativa de formar gobierno y a otros no les gustó nada la poco elegante y aún menos democrática forma de Iglesias de cesar fulminantemente al número tres de Podemos, Sergio Pascual, mano derecha de su ex amigo del alma, Íñigo Errejón.

Entretanto, ha corrido mucha agua bajo el puente de la izquierda. El indigno golpe de mano sin parangón organizado por "la vieja guardia" y algunos barones del PSOE (azuzados por Felipe González y la sultana sevillana Susana Díaz, siempre en la sombra,) se ha cobrado la cabeza de Pedro Sánchez, que rechazaba gobernar con Rajoy y quería una consulta abierta a toda la militancia, para  refrendar su propuesta de abstención a la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno. El PSOE está dividido y con un pie en el abismo. ¿Ganará la disciplina de partido como pretende la comisión gestora y la camarilla golpista o fracasarán en el intento e iremos a unas terceras elecciones poco antes de Navidad? El Comité Federal del PSOE, que tiene que decidir la posición sobre la posible investidura de Rajoy, tendrá la última palabra el próximo domingo en su reunión en la sede de Ferraz. “Lo que venga después ya se irá comentando”, declaró José Muñoz, miembro de la federación valenciana del PSOE y uno de los miembros de la Gestora, a la prensa. Mientras, sigue la recogida de firmas entre la militancia del PSOE en toda España para forzar la convocatoria de un congreso extraordinario. Para ello son necesarias las firmas de la mitad más uno de los afiliados al partido (unos 189.000). Hasta ahora habrían firmado unos 80.000 militantes de base, la quinta parte procedentes de Andalucía.
 
Con el PSOE y Podemos divididos por sus rencillas internas (Iglesias y Errejón siguen a la greña y dando titulares a la prensa un día sí y otro también por los intentos de Errejón de desmarcarse de los continuos excesos verbales del macho alfa de Podemos), Rajoy, una vez más, observa y calla, a sabiendas de que, de una forma u otra, decida lo que decida el PSOE el próximo domingo, él siempre saldrá ganando.
 

 
 

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