Cuando el presidente del Gobierno español, José Luis Zapatero, apoyaba enfáticamente en presencia del primer ministro turco Erdogan, a mediados de febrero, en Madrid, el ingreso de Turquía en la Unión Europea, nuestro insigne presidente, demostraba no tener ni idea de la situación. ¿Por qué no se informa Zapatero, antes de hacer tales declaraciones, por qué Francia, Alemania y demás países nórdicos se oponen firmemente a tener al socio turco? No es sólo por el maltrato que sufren los derechos humanos por parte de un gobierno islamista moderado, (los radicales se esconden de momento detrás de los moderados, hasta que llegue su hora) ni por la deficiente democracia turca. Que Zapatero pregunte a sus colegas del gobierno federal alemán en Berlín. Ellos pueden informarle muy bien de los problemas que tiene Alemania con sus más de 1 millón de turcos. Cómo los turcos, con asociaciones con más de 200.000 miembros, rechazan férreamente cualquier integración; aunque viven en el país desde hace más de 40 años se niegan en su mayoría a aceptar la nacionalidad alemana. Cómo los turcos en Alemania se aferran a su religión –son musulmanes- y son dentro de la población musulmana la punta de lanza del islamismo más intransigente. Que pregunte el “gran estadista” Zapatero por qué los servicios alemanes de inteligencia vigilan lo que pasa en las mezquitas (en Alemania las mezquitas crecen por doquier) y en las escuelas coránicas, así como en la asociaciones, una vez que recibieron la denuncia que los imanes venidos de otros países árabes para predicar las enseñanzas del Corán, decían a niños y adultos: “cada turco es un soldado del Islam”. Y: “la tierra que pisa un musulmán es para siempre territorio islámico”. Los turcos han formado de facto una república turca en Alemania, cuyas capitales son Berlín y Colonia. Como manifestación de fuerza, los otomanos están construyendo en Colonia una enorme mezquita, que será mayor que la monumental catedral de Colonia, símbolo de la ciudad y de la cultura occidental. No ha habido ningún motivo jurídico para impedirlo.
El señor Zapatero podría también informarse en la policía alemana de cuántas jóvenes turcas son asesinadas por su padre o por sus hermanos por negarse a asumir las costumbres turcas, rechazar la vestimenta musulmana y vestirse como las chicas alemanas de su edad o tener un novio alemán o no turco. También podría ser interesante que sepa cuántas menores son vendidas en matrimonio a hombres mayores por motivos de negocios, cómo las menores son sacadas de sus escuelas y, con un pretexto, enviadas a Turquía.
Si esto no le basta a nuestro ínclito presidente, que repase un poco sus libros de texto de historia. Que lea el triunfo que supuso Lepanto para expulsar a los turcos otomanos del Mediterráneo Occidental, donde era el amo Soleiman el Magnífico, quien, por otra parte, avanzaba sobre Europa Occidental. Después de Lepanto tuvo que levantar su cerco a Viena y replegarse a sus dominios. Sus dominios: más de siete siglos de ocupación turca tuvieron que sufrir, entre otras, Bulgaria, Rumania y Grecia. Mal recuerdo dejaron los turcos por estas tierras europeas, como para querer tenerlos como socios en un mundo en el que el Islam se está radicalizando más y más. Zapatero tendría que leer el libro de Gustavo de Aristegui, “La Yihad en España”. Allí se enteraría cómo en los países árabes, en las escuelas coránicas, se enseña a los niños que Al Andalus (no Andalucía, sino toda España) es árabe y será un día reconquistado. Lo mismo que predica Al Qaeda. ¿Y los turcos radicales islámicos?
No, señor Zapatero. Turquía no es Europa, es Asia. Lo que Erdogan exhibe como europeo, Constantinopla (hoy Estambul) fue arrebatado por los turcos otomanos el 25 de mayo de 1452 a los griegos orientales (ortodoxos), sin que el Occidente cristiano moviese un dedo para acudir en su ayuda. ¿Queremos ahora preparar el camino para que un día, a través de los “turcos-europeos”, el Islam se apodere de Europa?
Lo más seguro es que España se quede sola con su apoyo a Turquía (sola con sus instigadores, EE UU –cuánto valen las vías de acceso al petróleo asiático-). Pero el señor Zapatero ya no será, con seguridad, presidente del Gobierno español.
domingo, 28 de febrero de 2010
sábado, 6 de febrero de 2010
El barro de los sumerios
Siempre me ha intrigado de dónde se había sacado la Biblia, en su explicación de la “creación”, eso de que “Dios” hizo al hombre utilizando barro como material. Si se medita profundamente, lo del “barro”, tomado como alegoría, abre a la mente un gran número de caminos hacia el conocimiento. Pero en las clases de religión, la Biblia y los Evangelios son enseñados como verdades absolutas, literalmente, como aquellos literalistas que se empeñaron en tomar al pie de la letra lo que solamente era una alegoría. Me refiero a aquellos judíos que, antes del nacimiento de Jesús, se apartaron de su dios Jehová o Yahvé, por considerarlo cruel, arbitrario y que se ensañaba con su “pueblo elegido”, los judíos, haciéndoles sufrir miles de calamidades sólo para probar “que lo amaban y que le eran fieles”. Este grupo “protocristiano” ideó una alegoría para llegar al conocimiento, pero pronto se dividieron en los que tomaban la alegoría como realidad y los que veían en ella sólo un camino espiritual hacia la Verdad. Estos últimos eran los gnósticos, que fueron aniquilados por los literalistas, que desde entonces llevan la voz cantante en el cristianismo. Cuando los sacerdotes inculcan a los niños y a los jóvenes la Biblia o los Evangelios, lo hacen literalmente, en vez de aclarar que se trata de mitos, fábulas, alegorías. No creo que los sacerdotes mientan adrede. Ellos también han sido educados así. 2 000 años de cristianismo literal no se borran así por las buenas.
Pues bien. Volviendo al comienzo de estas líneas, al “barro”: recientemente he hallado la explicación. Se trata de una leyenda sumeria sobre la creación del hombre, “hecho de barro” por el dios de los dioses. La civilización sumeria es la más antigua civilización conocida de la Humanidad. Los sumerios (hace unos 7 000 años) fueron los primeros en inventar un alfabeto, que miles de años después serviría de base para los demás alfabetos conocidos. Su escritura era la cuneiforme, lo mismo que muchos años después escribirían los hetitas. La civilización sumeria es con mucho anterior a la Biblia, que adoptó de ella la idea de la creación del hombre con barro. La Biblia es apasionante, sobre todo en la parte que aún no se convierte en la historia del pueblo judío, por la cantidad de mitos y leyendas que recoge. Sin la Biblia, este tesoro de la Historia de la Humanidad se habría perdido en la noche del más remoto pasado, que, sin embargo, surge ante los ojos de los investigadores como chispas inesperadas. Así ocurrió con la epopeya de Gilgamesh, en escritura cuneiforme de los hetitas, que los científicos tardaron años en descifrar y traducir. En dicha epopeya se habla ya, entre otras cosas, del famoso, fabuloso y exagerado “diluvio universal”, que tuvo tal vez lugar en Mesopotamia como gran inundación local del Tigris y el Eufrates.
Pues bien. Volviendo al comienzo de estas líneas, al “barro”: recientemente he hallado la explicación. Se trata de una leyenda sumeria sobre la creación del hombre, “hecho de barro” por el dios de los dioses. La civilización sumeria es la más antigua civilización conocida de la Humanidad. Los sumerios (hace unos 7 000 años) fueron los primeros en inventar un alfabeto, que miles de años después serviría de base para los demás alfabetos conocidos. Su escritura era la cuneiforme, lo mismo que muchos años después escribirían los hetitas. La civilización sumeria es con mucho anterior a la Biblia, que adoptó de ella la idea de la creación del hombre con barro. La Biblia es apasionante, sobre todo en la parte que aún no se convierte en la historia del pueblo judío, por la cantidad de mitos y leyendas que recoge. Sin la Biblia, este tesoro de la Historia de la Humanidad se habría perdido en la noche del más remoto pasado, que, sin embargo, surge ante los ojos de los investigadores como chispas inesperadas. Así ocurrió con la epopeya de Gilgamesh, en escritura cuneiforme de los hetitas, que los científicos tardaron años en descifrar y traducir. En dicha epopeya se habla ya, entre otras cosas, del famoso, fabuloso y exagerado “diluvio universal”, que tuvo tal vez lugar en Mesopotamia como gran inundación local del Tigris y el Eufrates.
miércoles, 3 de febrero de 2010
"Washington bien vale una oración"
Así debió pensar el agnóstico presidente del Gobierno español al aceptar la invitación de la Casa Blanca al rito más importante norteamericano, el llamado Desayuno de Oración, ceremonia en la cual Zapatero leyó unos pasajes de la Biblia. Pero la procesión iba por dentro. Todavía sonaban en los oídos de Zapatero las palabras de Obama: “Estoy contento de poder llamarle amigo mío” (Praga). El presidente del Gobierno español debería saber lo más tarde desde Bush que cuando un presidente estadounidense llama “amigo” a un jefe de Gobierno hispano, o lo toma como un personaje divertido –caso Ansar, es decir, Aznar- o no le da políticamente ninguna importancia. Mientras leía, Zapatero ya sabía que su “amigo” Obama no iba a cumplir con su mayor deseo: que el nuevo presidente de EE UU asistiera a la cumbre de la Unión Europea en Madrid. Inmediatamente después que Zapatero hubiese cacareado a los cuatro vientos, asistido por el incoloro ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos, la presencia de Obama en la cumbre, llegó el desmentido de la Casa Blanca. Barack Obama no le hará ese grandísimo favor a su amigo español, bastante depreciado no sólo en su propio país.
El asunto ha enojado, en primer lugar, a España, pero también a la Unión Europea que acusa a Washington de no tener mucho interés por Europa. En la cumbre, según el plan de ruta marcado por José Luis Rodríguez Zapatero, se iba a tratar sobre todo del trabajo de integración de la UE con Latinoamérica. Razón de más para que países hispanoamericanos también se hayan sentido ofendidos por la ausencia de Obama, a quien acusan de parecerse cada vez más a Bush. Entre estos países se hallan México y Brasil. La negativa de “la gran promesa mundial” Obama de acudir a Madrid demuestra una vez más que España vale tanto en Washington como Rumania o Bulgaria, es decir, que España ha de reducir sus ambiciones de mediana o gran potencia a escala mundial o adoptar otra política de firmeza frente a la Casa Blanca, en el marco de una Unión Europea, que algún día tendrá que dejar de ser el mayordomo de USA y hacer su propia política. Un primer ejemplo sería que toda la UE rechace de plano el nefasto futuro ingreso de Turquía en la Unión Europea a pesar de las presiones de Washington, a quien conviene mucho ese ingreso (rutas del petróleo). También EE UU está practicando una política con Marruecos, que es un lastre para España en la cuestión del Sahara, que pertenece a los saharauies, los habitantes de la antigua colonia española del Sahara Occidental, y que nunca fue territorio marroquí. ¿Va Obama a cambiar de actitud en esta cuestión? Rabat ya ha concedido el contrato en exclusiva de las fuentes de energía (como el petróleo delante del litoral saharaui) a Estados Unidos. Se nota.
En resumidas cuentas. Más que Zapatero y más que su incoloro ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos, los españoles que verdaderamente cuentan en los Estados Unidos son Pedro Almodóvar, Antonio Banderas y Penélope Cruz.
El asunto ha enojado, en primer lugar, a España, pero también a la Unión Europea que acusa a Washington de no tener mucho interés por Europa. En la cumbre, según el plan de ruta marcado por José Luis Rodríguez Zapatero, se iba a tratar sobre todo del trabajo de integración de la UE con Latinoamérica. Razón de más para que países hispanoamericanos también se hayan sentido ofendidos por la ausencia de Obama, a quien acusan de parecerse cada vez más a Bush. Entre estos países se hallan México y Brasil. La negativa de “la gran promesa mundial” Obama de acudir a Madrid demuestra una vez más que España vale tanto en Washington como Rumania o Bulgaria, es decir, que España ha de reducir sus ambiciones de mediana o gran potencia a escala mundial o adoptar otra política de firmeza frente a la Casa Blanca, en el marco de una Unión Europea, que algún día tendrá que dejar de ser el mayordomo de USA y hacer su propia política. Un primer ejemplo sería que toda la UE rechace de plano el nefasto futuro ingreso de Turquía en la Unión Europea a pesar de las presiones de Washington, a quien conviene mucho ese ingreso (rutas del petróleo). También EE UU está practicando una política con Marruecos, que es un lastre para España en la cuestión del Sahara, que pertenece a los saharauies, los habitantes de la antigua colonia española del Sahara Occidental, y que nunca fue territorio marroquí. ¿Va Obama a cambiar de actitud en esta cuestión? Rabat ya ha concedido el contrato en exclusiva de las fuentes de energía (como el petróleo delante del litoral saharaui) a Estados Unidos. Se nota.
En resumidas cuentas. Más que Zapatero y más que su incoloro ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos, los españoles que verdaderamente cuentan en los Estados Unidos son Pedro Almodóvar, Antonio Banderas y Penélope Cruz.
miércoles, 27 de enero de 2010
El fin de las ideologías
El fin de las ideologías, en sí movimiento táctico frente al capitalismo en la nueva sociedad tras la II Guerra Mundial y el estallido de la siniestra Guerra Fría, ha venido a suponer el fin del auténtico socialismo. El partido socialista “obrero” alemán, SPD, dio el ejemplo más espectacular en su congreso extraordinario de Bad Godesberg (15.11.1959), del que salió el hasta ahora en su mayor parte válido programa de Godesberg. En dicho congreso, el SPD pasó a llamarse oficialmente “Partido Socialdemócrata alemán” y se declaró como “partido popular” (en vez de partido de los obreros), es decir, como partido abierto a todas las capas sociales y a todas las tendencias políticas, siempre que éstas fuesen democráticas. Los demás partidos socialistas europeos siguieron más o menos fielmente el camino del SPD, para evitar, por una parte, la confusión del socialismo democrático con ese monstruo totalitario de “socialismo” que habían construido los comunistas: el “socialismo real”. Para los socialistas democráticos, el “socialismo real” era un fascismo a la inversa. Muchas capas de la sociedad no derechistas temían elegir al socialismo porque lo identificaban con el socialismo real comunista.
En nuestro país, una vez iniciada la andadura democrática, Felipe González no necesitaba los consejos del SPD para seguir su camino. González lo tenía claro: un socialismo marxista como el PSOE de Pablo Iglesias correría el peligro de dejar el terreno electoral a otros partidos que se designasen como “demócratas” o incluso “centristas”. Si González, es decir su PSOE, quería gobernar era preciso renunciar al marxismo y convertir al PSOE en un partido en el que pudiesen convivir todas las tendencias presentes en la sociedad española. Hay que decir que González lo consiguió: ¿Quién iba a decir que un día estarían codo con codo en el partido el ex estalinista jefe del PCE, Santiago Carrillo, y el piadoso católico José Bono, ex presidente de Castilla-La Mancha y actual presidente del Congreso de los Diputados? Pero González tuvo que tirar valioso lastre izquierdista por el camino hacia su partido popular (no confundir con el Partido Popular de Rajoy, en el que también ha sido preciso desprenderse de derechistas de peso, aunque todavía queda un fondo ideológico derechista-posfranquista y algunos exponentes más bien de extrema derecha, como la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre. Felipe González suprimió el marxismo del PSOE y marginó al sector izquierdista-marxista, los llamados guerristas, que desde entonces viven de la pura teoría, en el sentido literal de la palabra. Desde la fundación Pablo Iglesias y desde la fundación SISTEMA, el guerrismo cultiva con las publicaciones SISTEMA y TEMAS PARA EL DEBATE un izquierdismo marxista actualizado, puramente intelectual, con un excelente equipo de ideólogos, analistas, sociólogos, politólogos, etc. Pero su difusión es escasa por no ser los contenidos accesibles a todos los públicos. Así, todo queda dentro de los reducidos círculos intelectuales de izquierda.
Con la desideologización del socialismo, los socialistas se desarmaron ante un capitalismo camaleónico, pero que nunca cambia su ideología de obtener el máximo lucro posible explotando a los obreros (que insensatamente, y siguiendo el ejemplo de sus partidos de clase, ahora desclasados, habían creído lo más tarde hasta la crisis, que ya pertenecían a la clase media y se convirtieron en un no despreciable porcentaje de votantes de la derecha). Los gobiernos espanoles, por si ello fuera poco, han venido poniendo a disposición de los mimados empresarios, especialmente de la construcción, un ejército de reserva de mano de obra, sumisa y barata: los inmigrantes legales e ilegales. Éstos ocupaban los puestos de trabajo despreciados por su dureza por los espanoles, que preferían ir al paro. Ahora, con la crisis, los espanoles tendrán que competir con los extranjeros.
Sin embargo, con la crisis (la palabra más usada en 2009, seguida de Gripe A) el entretanto internacionalmente intrincado capitalismo ha dejado al descubierto sus puntos flacos (algunos de los cuales ya apuntaba Karl Marx en su obra “El Capital”) que un socialismo ideológicamente desarmado no ha sido capaz de aprovechar para imponer sustanciales reformas que también desideologicen a los amos de los medios de producción y del dinero.
El socialismo democrático está pasando también por una crisis de identidad. Un gobierno socialista en el poder no puede resolver nada, mientras que en los propios partidos socialistas no se lleven a cabo cambios fundamentales. Los líderes no surgen ni a dedo ni tampoco con enchufes, sino en los debates internos. Situar a un débil al frente del Gobierno sólo sirve para paralizar aún más al partido y darle a la oposición la oportunidad de ganar las elecciones sin ni siquiera tener un programa.
En nuestro país, una vez iniciada la andadura democrática, Felipe González no necesitaba los consejos del SPD para seguir su camino. González lo tenía claro: un socialismo marxista como el PSOE de Pablo Iglesias correría el peligro de dejar el terreno electoral a otros partidos que se designasen como “demócratas” o incluso “centristas”. Si González, es decir su PSOE, quería gobernar era preciso renunciar al marxismo y convertir al PSOE en un partido en el que pudiesen convivir todas las tendencias presentes en la sociedad española. Hay que decir que González lo consiguió: ¿Quién iba a decir que un día estarían codo con codo en el partido el ex estalinista jefe del PCE, Santiago Carrillo, y el piadoso católico José Bono, ex presidente de Castilla-La Mancha y actual presidente del Congreso de los Diputados? Pero González tuvo que tirar valioso lastre izquierdista por el camino hacia su partido popular (no confundir con el Partido Popular de Rajoy, en el que también ha sido preciso desprenderse de derechistas de peso, aunque todavía queda un fondo ideológico derechista-posfranquista y algunos exponentes más bien de extrema derecha, como la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre. Felipe González suprimió el marxismo del PSOE y marginó al sector izquierdista-marxista, los llamados guerristas, que desde entonces viven de la pura teoría, en el sentido literal de la palabra. Desde la fundación Pablo Iglesias y desde la fundación SISTEMA, el guerrismo cultiva con las publicaciones SISTEMA y TEMAS PARA EL DEBATE un izquierdismo marxista actualizado, puramente intelectual, con un excelente equipo de ideólogos, analistas, sociólogos, politólogos, etc. Pero su difusión es escasa por no ser los contenidos accesibles a todos los públicos. Así, todo queda dentro de los reducidos círculos intelectuales de izquierda.
Con la desideologización del socialismo, los socialistas se desarmaron ante un capitalismo camaleónico, pero que nunca cambia su ideología de obtener el máximo lucro posible explotando a los obreros (que insensatamente, y siguiendo el ejemplo de sus partidos de clase, ahora desclasados, habían creído lo más tarde hasta la crisis, que ya pertenecían a la clase media y se convirtieron en un no despreciable porcentaje de votantes de la derecha). Los gobiernos espanoles, por si ello fuera poco, han venido poniendo a disposición de los mimados empresarios, especialmente de la construcción, un ejército de reserva de mano de obra, sumisa y barata: los inmigrantes legales e ilegales. Éstos ocupaban los puestos de trabajo despreciados por su dureza por los espanoles, que preferían ir al paro. Ahora, con la crisis, los espanoles tendrán que competir con los extranjeros.
Sin embargo, con la crisis (la palabra más usada en 2009, seguida de Gripe A) el entretanto internacionalmente intrincado capitalismo ha dejado al descubierto sus puntos flacos (algunos de los cuales ya apuntaba Karl Marx en su obra “El Capital”) que un socialismo ideológicamente desarmado no ha sido capaz de aprovechar para imponer sustanciales reformas que también desideologicen a los amos de los medios de producción y del dinero.
El socialismo democrático está pasando también por una crisis de identidad. Un gobierno socialista en el poder no puede resolver nada, mientras que en los propios partidos socialistas no se lleven a cabo cambios fundamentales. Los líderes no surgen ni a dedo ni tampoco con enchufes, sino en los debates internos. Situar a un débil al frente del Gobierno sólo sirve para paralizar aún más al partido y darle a la oposición la oportunidad de ganar las elecciones sin ni siquiera tener un programa.
martes, 26 de enero de 2010
La farsa de Guadalupe
Recientemente apareció una noticia en la prensa internacional, que, curiosamente, ha sido después silenciada. Según la noticia, arqueólogos mexicanos habían descubierto que la Virgen de Guadalupe, patrona de México y muy venerada en todo el país, solamente era una silueta trazada en la roca por los aztecas.
Todos hemos visto alguna vez en la televisión a muchedumbres de peregrinos, algunos cruzando la plaza de la catedral de rodillas y con los brazos en cruz, que acuden a su Virgen para ser curados de graves enfermedades. Una vez más la autosugestión hace milagros. ¿Cómo decirles a los millones de fieles que la Virgen no es la Virgen? Y ¿cómo hacer dimitir a la Virgen de Guadalupe como patrona de México? Lo mejor, habrán pensado el Estado y la Iglesia católica, es no decir nada y que continúe la farsa. Mientras cure (o ayude a curar gracias a la fe convertida en poderosa energía autosugestiva) no hay nada que objetar. La Humanidad se rige por tantas mentiras, menos provechosas, ¿qué tiene de malo que la gente crea en su Virgen? Es lo mismo que ocurre con la “Sábana Santa” de Turín (Italia). Hace mucho tiempo que investigadores anglosajones demostraron en El Vaticano que la sábana es una falsificación. Incluso se especuló con que se tratara de una de las bromas del genial Leonardo da Vinci. Desde entonces, El Vaticano ha adoptado una actitud de prudencia ante la sábana, pero no ha desmentido nunca su autenticidad. Millones de peregrinos acuden a Turín en busca de curación. ¿Cómo decepcionarles? El actual papa, Benedicto XVI (alias Ratzinger) ha ido más lejos. Oró en público ante la sábana, en la que se supone fue envuelto el cadáver de Jesús, y proclamó a los cuatro vientos su autenticidad.
Otro ejemplo que ilustra la ingenuidad y capacidad de autosugestión de los seres humanos. Hace poco leí en una revista norteamericana que se había producido la mayor retención de su historia en el túnel principal de Nueva York. La causa: estaba lloviendo a mares. Una automovilista reparó de pronto que en la pared del túnel estaba la Virgen. Se bajó de su automóvil y acercándose a la pared se puso a rezar frente a la Virgen. Otros conductores, al principio furiosos por el atasco, vieron a la mujer rezando y a la Virgen en la pared. Se bajaron de sus coches (algunos portaban flores, otros lamparillas) y se congregaron ante la aparición mariana. Entretanto, el embotellamiento en el túnel y fuera del túnel era ya fenomenal. Apareció la policía, que dispersó a los piadosos congregados y se puso a rascar el muro con sus porras. Pronto, la Virgen se convirtió en una gran mancha de agua. Entretanto, los bomberos, que también habían sido llamados, constataron que todo se debía a un recalo del agua de la lluvia en la pared del túnel. Menos mal que acudieron la policía y los bomberos. ¡Imagínense qué hubiese pasado si la Virgen –como es corriente en estos casos de apariciones- hubiera pedido que se le construyera un templo en aquel lugar!
No crean que critico sólo a la religión católica. Es la única que conozco bien. En realidad rechazo todas las religiones por ser falsas, meras invenciones humanas, por sus mentiras y sus crueldades, con pocas excepciones. Las religiones cubren la irracional necesidad del ser humano de ser protegido y amado y, sobre todo, de disfrutar de la vida eterna. Una de las religiones más crueles, en manos de fanáticos, es el Islam, que según la sharia (ley islámica) permite las mayores barbaridades, como la lapidación de las mujeres adúlteras o supuestamente adúlteras, (enterradas hasta el cuello). Otra monstruosidad son los terroristas suicidas, que son enviados a la muerte por sus jefes con la promesa de entrar inmediatamente en el Paraíso, donde les esperan huríes y un sinnúmero de placeres. ¿No se preguntan los jóvenes kamikazes de ambos sexos por qué no se autoinmolan sus jefes terroristas si el final es tan maravilloso? Las religiones presuponen una gran dosis de ingenuidad y de ignorancia.
Todos hemos visto alguna vez en la televisión a muchedumbres de peregrinos, algunos cruzando la plaza de la catedral de rodillas y con los brazos en cruz, que acuden a su Virgen para ser curados de graves enfermedades. Una vez más la autosugestión hace milagros. ¿Cómo decirles a los millones de fieles que la Virgen no es la Virgen? Y ¿cómo hacer dimitir a la Virgen de Guadalupe como patrona de México? Lo mejor, habrán pensado el Estado y la Iglesia católica, es no decir nada y que continúe la farsa. Mientras cure (o ayude a curar gracias a la fe convertida en poderosa energía autosugestiva) no hay nada que objetar. La Humanidad se rige por tantas mentiras, menos provechosas, ¿qué tiene de malo que la gente crea en su Virgen? Es lo mismo que ocurre con la “Sábana Santa” de Turín (Italia). Hace mucho tiempo que investigadores anglosajones demostraron en El Vaticano que la sábana es una falsificación. Incluso se especuló con que se tratara de una de las bromas del genial Leonardo da Vinci. Desde entonces, El Vaticano ha adoptado una actitud de prudencia ante la sábana, pero no ha desmentido nunca su autenticidad. Millones de peregrinos acuden a Turín en busca de curación. ¿Cómo decepcionarles? El actual papa, Benedicto XVI (alias Ratzinger) ha ido más lejos. Oró en público ante la sábana, en la que se supone fue envuelto el cadáver de Jesús, y proclamó a los cuatro vientos su autenticidad.
Otro ejemplo que ilustra la ingenuidad y capacidad de autosugestión de los seres humanos. Hace poco leí en una revista norteamericana que se había producido la mayor retención de su historia en el túnel principal de Nueva York. La causa: estaba lloviendo a mares. Una automovilista reparó de pronto que en la pared del túnel estaba la Virgen. Se bajó de su automóvil y acercándose a la pared se puso a rezar frente a la Virgen. Otros conductores, al principio furiosos por el atasco, vieron a la mujer rezando y a la Virgen en la pared. Se bajaron de sus coches (algunos portaban flores, otros lamparillas) y se congregaron ante la aparición mariana. Entretanto, el embotellamiento en el túnel y fuera del túnel era ya fenomenal. Apareció la policía, que dispersó a los piadosos congregados y se puso a rascar el muro con sus porras. Pronto, la Virgen se convirtió en una gran mancha de agua. Entretanto, los bomberos, que también habían sido llamados, constataron que todo se debía a un recalo del agua de la lluvia en la pared del túnel. Menos mal que acudieron la policía y los bomberos. ¡Imagínense qué hubiese pasado si la Virgen –como es corriente en estos casos de apariciones- hubiera pedido que se le construyera un templo en aquel lugar!
No crean que critico sólo a la religión católica. Es la única que conozco bien. En realidad rechazo todas las religiones por ser falsas, meras invenciones humanas, por sus mentiras y sus crueldades, con pocas excepciones. Las religiones cubren la irracional necesidad del ser humano de ser protegido y amado y, sobre todo, de disfrutar de la vida eterna. Una de las religiones más crueles, en manos de fanáticos, es el Islam, que según la sharia (ley islámica) permite las mayores barbaridades, como la lapidación de las mujeres adúlteras o supuestamente adúlteras, (enterradas hasta el cuello). Otra monstruosidad son los terroristas suicidas, que son enviados a la muerte por sus jefes con la promesa de entrar inmediatamente en el Paraíso, donde les esperan huríes y un sinnúmero de placeres. ¿No se preguntan los jóvenes kamikazes de ambos sexos por qué no se autoinmolan sus jefes terroristas si el final es tan maravilloso? Las religiones presuponen una gran dosis de ingenuidad y de ignorancia.
sábado, 23 de enero de 2010
Haiti
Entre los estremecedores gritos que se oían en Haiti tras el terrible seísmo el 12 de enero, (más de 150.000 muertos), con 7,3 grados el más potente en la historia del Caribe, hubo una exclamación que me conmovió especialmente por su ingenuidad, pero también por su necesidad de ayuda por parte de quien es adorado como padre amantísimo: “Dios mío, ayúdanos!” El 60% de la población haitiana es católica; los protestantes forman la minoría religiosa. El voodoo lo practican casi todos los haitianos, pero no excluye que éstos sean católicos. En el caso del voodoo se trata de los espíritus familiares, que no entran en conflicto con el catolicismo.
En el caso de las catástrofes naturales se pone de manifiesto la contradicción entre la realidad y las fantasías religiosas inculcadas a las personas desde la más tierna infancia. Ni “Dios” era culpable del desolador seísmo, ni podía ayudar a nadie, porque “Dios” es sólo una invención humana. El grito de aquella víctima del terremoto me recordó la visita, no hace mucho tiempo, del papa Benedicto XVI (Ratzinger) al campo de exterminio nazi, Auschwitz. El papa, conmovido, patético, exclamó: “?Dios mío, dónde estabas tú?” Pues en ninguna parte. Pero Herr Ratzinger, sí que sabe dónde estuvo él: hizo la mili de joven en el cuerpo de elite de Hitler, las terribles SS, encargadas, entre otras cosas, del exterminio de los judíos (el holocausto) y de las “razas inferiores", como los gitanos. Como el resto de los alemanes de su generación, parece ser que Herr Ratzinger (alias Benedicto XVI) tampoco se enteró de los horrores que estaban sucediendo en Alemania bajo la dictadura hitleriana.
Volviendo a la gran tragedia de Haiti: Cuando ocurren tales catástrofes surgen dudas y preguntas respecto a la existencia de "Dios". Los teólogos recurren a sus frases rabulísticas como: "Dios escribe derecho con renglones torcidos","los caminos de Dios son inescrutables" o esa otra explicación que es puro cinismo: "Dios los quería tanto que se los ha llevado a su Gloria".
No podemos culpar a la Naturaleza de las catástrofes que suceden en el planeta Tierra. La Naturaleza obedece a las leyes de la causa y el efecto. Si dos plataformas continentales chocan entre sí o se rozan, se produce un seísmo, cuya intensidad se mide por la escala Richter y depende de la fuerza del choque o del roce. Indirectamente, estas catástrofes, a su vez, inciden en la constante evolución natural en el planeta.
De alguna manera, todos vivimos sobre un volcán. Pensemos, por sólo citar un par de espeluznantes ejemplos, en el terremoto de Lisboa de 1755, el de San Francisco de 1906 o el tsunami que golpeó la costa de Ao Nang en Tailandia en 2004, exactamente 12 meses después del terremoto de 2003. En los últimos tiempos, centenares de millares de personas han perdido la vida en catástrofes naturales. También los humanos estamos sometidos, como todo lo que existe en la Tierra, a la ley de la causa y el efecto, Kismet lo llaman los turcos: el destino.
En el caso de las catástrofes naturales se pone de manifiesto la contradicción entre la realidad y las fantasías religiosas inculcadas a las personas desde la más tierna infancia. Ni “Dios” era culpable del desolador seísmo, ni podía ayudar a nadie, porque “Dios” es sólo una invención humana. El grito de aquella víctima del terremoto me recordó la visita, no hace mucho tiempo, del papa Benedicto XVI (Ratzinger) al campo de exterminio nazi, Auschwitz. El papa, conmovido, patético, exclamó: “?Dios mío, dónde estabas tú?” Pues en ninguna parte. Pero Herr Ratzinger, sí que sabe dónde estuvo él: hizo la mili de joven en el cuerpo de elite de Hitler, las terribles SS, encargadas, entre otras cosas, del exterminio de los judíos (el holocausto) y de las “razas inferiores", como los gitanos. Como el resto de los alemanes de su generación, parece ser que Herr Ratzinger (alias Benedicto XVI) tampoco se enteró de los horrores que estaban sucediendo en Alemania bajo la dictadura hitleriana.
Volviendo a la gran tragedia de Haiti: Cuando ocurren tales catástrofes surgen dudas y preguntas respecto a la existencia de "Dios". Los teólogos recurren a sus frases rabulísticas como: "Dios escribe derecho con renglones torcidos","los caminos de Dios son inescrutables" o esa otra explicación que es puro cinismo: "Dios los quería tanto que se los ha llevado a su Gloria".
No podemos culpar a la Naturaleza de las catástrofes que suceden en el planeta Tierra. La Naturaleza obedece a las leyes de la causa y el efecto. Si dos plataformas continentales chocan entre sí o se rozan, se produce un seísmo, cuya intensidad se mide por la escala Richter y depende de la fuerza del choque o del roce. Indirectamente, estas catástrofes, a su vez, inciden en la constante evolución natural en el planeta.
De alguna manera, todos vivimos sobre un volcán. Pensemos, por sólo citar un par de espeluznantes ejemplos, en el terremoto de Lisboa de 1755, el de San Francisco de 1906 o el tsunami que golpeó la costa de Ao Nang en Tailandia en 2004, exactamente 12 meses después del terremoto de 2003. En los últimos tiempos, centenares de millares de personas han perdido la vida en catástrofes naturales. También los humanos estamos sometidos, como todo lo que existe en la Tierra, a la ley de la causa y el efecto, Kismet lo llaman los turcos: el destino.
viernes, 15 de enero de 2010
NUESTRA LENGUA:"Porfa", "porfi"
Cuando pedimos algo a alguien o le expresamos un deseo, solemos adjuntar, por educación, la expresión “por favor”.
Desde hace ya cierto tiempo, a alguno parece habérsele ocurrido que “por favor” es demasiado largo; hay que economizarlo todo, también la lengua. Desde entonces, “por favor” se ha convertido en “porfa”, siendo lo curioso que la abreviatura parece no haber nacido en el pueblo, sino en círculos distinguidos de la sociedad. Oí decir “porfa” por primera vez a la esposa de un cónsul en Alemania.
Con “porfa” parece unirse la confianza entre amigos con la complicidad afectuosa de los socialmente iguales. Entretanto, “porfa” está siendo cada vez más usado en castellano, en una sociedad como la nuestra, con tendencias igualitarias, “amistosas-afectivas”, (la sociedad del tuteo), por encima de las diferencias económicas. Entretanto, como parece que "porfa" ya no es lo suficientemente moderno, se oye cada día más la expresión "porfi" que, proveniente de México y Argentina, comenzó siendo utilizada por adolescentes pijos, de clase media-alta, y ha traspasado ya las barreras clasistas para instalarse en el lenguaje coloquial del españolito de a pie.
De seguir el "porfa" y el "porfi" su marcha a través de nuestra lengua, los días de “por favor” estarán contados.
Manuel Moral
martes, 12 de enero de 2010
Nuestra lengua: "Por supuestísimo"
„Por supuesto“ es una expresión muy utilizada en castellano. Por eso algún periodista habrá pensado que con el uso ha perdido énfasis, fuerza de convicción, y que es preciso darle más relieve, acentuarla más. Y ni corto ni perezoso recurrió al superlativo: “por supuestísimo”. Se lo oí por primera vez a un reportero de Antena 3Pero la necia expresión ya ha hallado imitadores, no sólo en los medios de comunicación, sino también entre los políticos y en el hombre de la calle. “Por supuestísimo” así se destroza una lengua. Si encima existe una institución como la famosa Academia, que incluye estas estupideces en sus diccionarios, como “lenguaje popular”, el mal ya no hay quien lo remedie. Así, por citar otro caso, me entra un ataque de ira cuando oigo o leo “élite” en vez de lo correcto: “elite”. Y la Academia lo admite. “Élite" parece haberse formado tomando como ejemplo fonético “hélice”. Mi ordenador subraya en rojo como error “élite”, pero no lo hace con “elite”. Es lo mismo que “libido”. Cada vez se usa más la errónea líbido”, subrayada en rojo por mi ordenador.
Otra cosa que me produce enojo o hilaridad, según esté el patio, es el exagerado uso que hacen los periodistas del adjetivo “presunto”. Naturalmente que todo acusado tiene derecho a la presunción de inocencia mientras no haya sido juzgado y condenado. Así es correcto decir (o escribir): “el presunto asesino”. Pero cuando, por ejemplo, un hombre (A) mata a cuchilladas a su pareja (B) en presencia de testigos, raya en lo absurdo emplear la frase: “el presunto autor de los hechos”. De seguir así, también leeremos y oiremos: “la presunta muerta”, “el presunto cuchillo”. El colmo lo alcanzó el reportero de una televisión privada al informar sobre el suicidio de un (“presunto”) maltratador, que después de (“presuntamente”) enviar al otro mundo a su mujer, se quitó la vida colgándose de la rama de un árbol. El reportero dijo: “El presunto homicida se ahorcó presuntamente”. A eso se le llama nadar y guardar la ropa.
Quizás tendremos que prepararnos para el nacimiento de un nuevo superlativo: "presuntísimo".
Otra cosa que me produce enojo o hilaridad, según esté el patio, es el exagerado uso que hacen los periodistas del adjetivo “presunto”. Naturalmente que todo acusado tiene derecho a la presunción de inocencia mientras no haya sido juzgado y condenado. Así es correcto decir (o escribir): “el presunto asesino”. Pero cuando, por ejemplo, un hombre (A) mata a cuchilladas a su pareja (B) en presencia de testigos, raya en lo absurdo emplear la frase: “el presunto autor de los hechos”. De seguir así, también leeremos y oiremos: “la presunta muerta”, “el presunto cuchillo”. El colmo lo alcanzó el reportero de una televisión privada al informar sobre el suicidio de un (“presunto”) maltratador, que después de (“presuntamente”) enviar al otro mundo a su mujer, se quitó la vida colgándose de la rama de un árbol. El reportero dijo: “El presunto homicida se ahorcó presuntamente”. A eso se le llama nadar y guardar la ropa.
Quizás tendremos que prepararnos para el nacimiento de un nuevo superlativo: "presuntísimo".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
