Según escribí recientemente, la sublevación en Túnez contra el dictador podría contagiarse a otros países como Egipto. Y así ha ocurrido. Las manifestaciones masivas en Túnez y ahora en Egipto demuestran un auténtico deseo de democracia, que ha de apoyar todo demócrata. ¿Pero regímenes democráticos serán capaces de contener la constante presión de los islamistas radicales, las células de Al Qaeda? Con cierta frecuencia fanáticos musulmanes asesinan a turistas o matan a coptos, los cristianos egipcios. ¿Existe una garantía de que Túnez y Egipto, si sus nuevos dirigentes fuesen débiles, no derivarían a una teocracia como Irán, todo lo contrario de una democracia?De todas formas, se sabe que Al Qaeda ya está pescando en río revuelto en Egipto. El Ejército argelino –repito- es hasta ahora una recia garantía contra el fundamentalismo islámico. La monarquía alauí de Mohamed VI también es un dique de contención contra los radicales islámicos de Al Qaeda, aunque en los últimos tiempos se están produciendo en Marruecos sangrientos atentados.
No es muy tranquilizadora la idea de que algún día España pueda tener en la puerta de su casa a vecinos tan indeseables. Las grandes y medianas potencias tendrían ya que estar preparadas para una eventual revolución islámica teocrática (Irán) y asomarse más a lo que ocurre en el mundo musulmán. El asunto también afecta a Rusia. No sólo el petróleo está en juego.

“Ser una Celestina“. = Ser una alcahueta. Celestina es el personaje que da nombre a la obra atribuida a Fernando de Rojas (1470 / 73 – 1541), dramaturgo del Siglo de Oro de origen judío. Su familia y él mismo tuvieron problemas con la Inquisición porque sus padres (judíos conversos) seguían practicando en privado los ritos judíos y de Rojas tuvo más de una vez que echar mano de sus influencias para evitar males mayores. Aunque la obra pertenece al género de la tragicomedia, se trata más bien de una triste historia de amor entre los dos jóvenes protagonistas, Calisto y Melibea. El argumento en sí es simple: Calisto se enamora de Melibea, pero ella en un principio le rechaza. Entonces Calisto, aconsejado por su criado, recurre a La Celestina, una hechicera que ejerce sus oficios en la ciudad. La Celestina accede a ayudar a Calisto a cambio de cien monedas de oro. Después del conjuro, Melibea cae rendidamente enamorada en los brazos de Calisto. Entretanto, La Celestina, que había prometido una gratificación a sus criados Parmenio y Sempronio por su ayuda, se niega a pagarles su parte y éstos la asesinan y huyen. Pero, poco después, son aprehendidos y ejecutados en el cadalso. Calisto y Melibea, ajenos a todo, viven noches de amor y pasión en la cámara de Melibea y se juran amor eterno. Sin embargo, el destino va a jugarles una mala pasada: Calisto tiene que saltar una tapia para visitar furtivamente a su amada, con tan mala fortuna que tropieza, cae y se desnuca. Al ver lo ocurrido, Melibea decide suicidarse saltando desde el muro para reunirse con su amado en el Mas Allá.



