Mi padre, cuando alguna noche no podía dormir por algún motivo o alguna molestia, solía decirnos por la mañana: "He pasado una noche toledana". Naturalmente, yo entendía que quería decir que había pasado la noche en claro, en blanco, sin poder pegar un ojo. Pero eso de "la noche toledana" despertaba en mí románticas asociaciones relacionadas con el Toledo que había aprendido en los libros de texto. Sabía que Toledo había sido la capital de los visigodos y luego una ciudad en la que habían convivido las tres culturas: la cristiana, la judía y la musulmana. En mi fantasía de niño estudiante de Bachillerato, Toledo era una ciudad legendaria, de tortuosos callejones, apenas iluminado con antorchas por las noches, en las que jóvenes caballeros enfundados en sus capas y armados de las famosas dagas y espadas toledanas, iban a cortejar en la rejas de las ventanas a bellísimas damas cristianas, moras o judías, de ojos tan negros como las noches de Toledo. Para mí, por eso, "una noche toledana" era una noche llena de aventuras, de sobresaltos, de caballeros que se batían con sus aceros bajo el resplandor de las estrellas. Me preguntaba: y "¿qué tiene todo esto que ver con la mala noche pasada por mi padre?" Pensaba que el dicho se refería a una noche tan agitada como las que se vivían en Toledo en los siglos pasados.
Posteriormente he descubierto, leyendo en diccionarios, que el origen de este dicho es mucho más prosaico de lo que yo me imaginaba. Tiene que ver con las legiones de mosquitos en la ciudad de Toledo, circundada por el Tajo, que forma a sus pies una especie de fosa u hoz semiempantanada. Antiguamente, cuando aún no se habían inventado las armas antimosquitos químicas como los sprays, y más sofisticadas y medioambientales como los modernos aparatos eléctricos con y sin pastilla (estos últimos, al parecer, emiten un sonido no audible por nosotros, pero tan molesto para los pequeños vampiros, que éstos huyen de él) el sufrido viajero tenía que defenderse en las posadas de los molestos insectos a zapatillazos, unos con tino y los más fallidos. Y así, escuchando el zumbido de las voraces hembras dípteras -como ustedes saben los mosquitos que chupan la sangre son las hembras- y tratando de acabar con ellas, la víctima se pasaba toda la noche sin dormir, en vela. De ahí: "pasar una noche toledana".
Hace algún tiempo que no he visitado la ahora capital de Castilla-La Mancha, pero me imagino un Toledo moderno, libre ya de esta plaga.
domingo, 8 de noviembre de 2009
sábado, 7 de noviembre de 2009
Nuestra lengua: "Andar de picos pardos"
En uno de esos programas de la televisión española, tan abominable como toda esa especie de bodrios de cualquier televisión del mundo, en los que se combina el entretenimiento musical con juegos, concursos y entrevistas a "famosas" y "famosos" del mundillo nacional e internacional del cotilleo, la presentadora preguntó a uno de los invitados, un poquito entrado ya en años, a qué se debía que en los últimos tiempos viviera tan retirado. Apenas se le veía ya en fiestas y saraos de la gente guapa, "beautiful people", añadió la presentadora para que nos enterásemos mejor.
El famoso contestó: "Hombre es que a uno ya no le apetece mucho andar de picos pardos. Aunque el invitado estaba muy bien conservado, la expresión ya delataba que pertenecía a la generación por encima de los cincuenta, un ejemplar de lo que los jóvenes hasta hace poco llamaban un "carroza" o "una antigüedad.
Estaba yo pensando escribir algo sobre esa expresión que podía oírse con frecuencia en mis tiempos de juventud -aunque con un cierto tono de censura-, y me preguntaba por qué había desaparecido casi por completo su uso en la actualidad, cuando otra entrevista en el mismo programa, esta vez con un joven enfundado en unos angostos y descoloridos tejanos, con aspiraciones de rockero, me sacó de dudas. El joven decía a la presentadora: "Yo es que soy muy marchoso. Me va la marcha. Siempre estoy de botellón con los amigos y amigas".
Naturalmente, "andar de picos pardos" y "estar de marcha" no son expresiones idénticas, pero tienen un punto de coincidencia. Ambas son dos formas de divertirse, correspondientes a distintas generaciones y mentalidades. Nuestros padres y nuestros abuelos, en sus años mozos, andaban o se iban de picos pardos, es decir, de juerga o diversión, en lo cual también podía intervenir algún rollo (hoy sin importancia) con chavalas. A este respecto añade pudibundo el DRAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española) que la expresión también significa "ir a sitios de mala nota". En nuestros días la marcha puede consistir en irse a bailar a la discoteca, darle a la litrona o montar un botellón (con gran alegría del vecindario), meterle mano a la jai entusiasmado con sus bufas y, en el peor de los casos, hacerse la ruta del bakalao para ponerse morado de drogas (lo cual ocurre también con las pastillitas del botellón), que eso sí que es una pésima nota.
Volviendo a la expresión "andar de picos pardos": estoy seguro de que los españoles a partir de los 3o años nunca la han oído, y los que sí la conocen ignoran en absoluto su auténtico sentido. Confieso que yo conocía el dicho, pero tampco sabía su origen. Picado por la curiosidad investigué el asunto y hallé que en el siglo XIX, unas ordenanzas disponían que las mujeres públicas -las putas, dicho en lenguaje cervantino y para que todos nos enteremos- tenían que indicar su condición u oficio portando unos jubones o chales con los picos pardos. De esta manera se distinguía a "las mujeres de vida airada" (hoy diríamos "las trabajadoras del sexo") de las demás mujeres, con lo cual se evitaba que cualquier caballero, acometido por alguna incontenible necesidad de entrepierna, metiese la pata (ya que no otra cosa), confundiendo a una recatada doncella con una "lumi". En un principio, la expresión significaba, pues, acudir a prostíbulos, es decir, sin rodeos, echar un polvo. Después, con el uso se generalizó su significado en la acepción (también ya arcaica) de "echar una cana al aire", es decir, irse de ligue.
El famoso contestó: "Hombre es que a uno ya no le apetece mucho andar de picos pardos. Aunque el invitado estaba muy bien conservado, la expresión ya delataba que pertenecía a la generación por encima de los cincuenta, un ejemplar de lo que los jóvenes hasta hace poco llamaban un "carroza" o "una antigüedad.
Estaba yo pensando escribir algo sobre esa expresión que podía oírse con frecuencia en mis tiempos de juventud -aunque con un cierto tono de censura-, y me preguntaba por qué había desaparecido casi por completo su uso en la actualidad, cuando otra entrevista en el mismo programa, esta vez con un joven enfundado en unos angostos y descoloridos tejanos, con aspiraciones de rockero, me sacó de dudas. El joven decía a la presentadora: "Yo es que soy muy marchoso. Me va la marcha. Siempre estoy de botellón con los amigos y amigas".
Naturalmente, "andar de picos pardos" y "estar de marcha" no son expresiones idénticas, pero tienen un punto de coincidencia. Ambas son dos formas de divertirse, correspondientes a distintas generaciones y mentalidades. Nuestros padres y nuestros abuelos, en sus años mozos, andaban o se iban de picos pardos, es decir, de juerga o diversión, en lo cual también podía intervenir algún rollo (hoy sin importancia) con chavalas. A este respecto añade pudibundo el DRAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española) que la expresión también significa "ir a sitios de mala nota". En nuestros días la marcha puede consistir en irse a bailar a la discoteca, darle a la litrona o montar un botellón (con gran alegría del vecindario), meterle mano a la jai entusiasmado con sus bufas y, en el peor de los casos, hacerse la ruta del bakalao para ponerse morado de drogas (lo cual ocurre también con las pastillitas del botellón), que eso sí que es una pésima nota.
Volviendo a la expresión "andar de picos pardos": estoy seguro de que los españoles a partir de los 3o años nunca la han oído, y los que sí la conocen ignoran en absoluto su auténtico sentido. Confieso que yo conocía el dicho, pero tampco sabía su origen. Picado por la curiosidad investigué el asunto y hallé que en el siglo XIX, unas ordenanzas disponían que las mujeres públicas -las putas, dicho en lenguaje cervantino y para que todos nos enteremos- tenían que indicar su condición u oficio portando unos jubones o chales con los picos pardos. De esta manera se distinguía a "las mujeres de vida airada" (hoy diríamos "las trabajadoras del sexo") de las demás mujeres, con lo cual se evitaba que cualquier caballero, acometido por alguna incontenible necesidad de entrepierna, metiese la pata (ya que no otra cosa), confundiendo a una recatada doncella con una "lumi". En un principio, la expresión significaba, pues, acudir a prostíbulos, es decir, sin rodeos, echar un polvo. Después, con el uso se generalizó su significado en la acepción (también ya arcaica) de "echar una cana al aire", es decir, irse de ligue.
jueves, 5 de noviembre de 2009
El cielo
Recientemente, el conocido astrofísico británico Stephen Hawking declaraba que según avanza la ciencia va quedando menos espacio para Dios. Como si fuese una respuesta, el papa Ratzinger decía hace poco tiempo que el cielo no es un concepto espacial, sino espiritual. Muchas cosas caben dentro de la gaseosa palabra "espiritual". "Espíritu" significa también, en todos los idioma europeos, incluído el español, "fantasma", "espectro". Lo espiritual es muy utilizado en los círculos esotéricos.
El anterior papa Juan Pablo II suprimió el infierno y al diablo. El papa Ratzinger, ex jefe de la Inquisición vaticana y "martillo de teólogos herejes", ha vuelto a introducir ambos conceptos por la puerta de atrás. Como corresponde a un papa, cuya ilusión es la iglesia de la Edad Media, Ratzinger apoya al exorcismo, aunque éste está penado, al menos como homicidio, en caso de que los resultados de esas prácticas diabólicas sean la muerte del poseído o poseso. Los posesos son enfermos mentales, como esquizofrénicos o epilépticos. Que pudieran estar poseídos por algún demonio es una idea que sólo se les ocurre a ignorantes y a mentes religiosamente calenturientas. Esta absurda idea forma parte o de la superchería o de la superstición. Uno se pregunta, ¿cómo puede un hombre tan culto como Ratzinger "fomentar" tales prácticas? Pero qué se va a esperar de un papa medieval que también venera reliquias, como la sábana de Turín, aunque hace tiempo que la ciencia ha puesto de manifiesto su falsedad? La cuestión es no perder adeptos. ¿Que hará ahora el papa Ratzinger con la milagrera virgen mexicana de Guadalupe, después de que arqueólogos han descubierto que se trata de una figura esculpida en la roca por los aztecas?
El anterior papa Juan Pablo II suprimió el infierno y al diablo. El papa Ratzinger, ex jefe de la Inquisición vaticana y "martillo de teólogos herejes", ha vuelto a introducir ambos conceptos por la puerta de atrás. Como corresponde a un papa, cuya ilusión es la iglesia de la Edad Media, Ratzinger apoya al exorcismo, aunque éste está penado, al menos como homicidio, en caso de que los resultados de esas prácticas diabólicas sean la muerte del poseído o poseso. Los posesos son enfermos mentales, como esquizofrénicos o epilépticos. Que pudieran estar poseídos por algún demonio es una idea que sólo se les ocurre a ignorantes y a mentes religiosamente calenturientas. Esta absurda idea forma parte o de la superchería o de la superstición. Uno se pregunta, ¿cómo puede un hombre tan culto como Ratzinger "fomentar" tales prácticas? Pero qué se va a esperar de un papa medieval que también venera reliquias, como la sábana de Turín, aunque hace tiempo que la ciencia ha puesto de manifiesto su falsedad? La cuestión es no perder adeptos. ¿Que hará ahora el papa Ratzinger con la milagrera virgen mexicana de Guadalupe, después de que arqueólogos han descubierto que se trata de una figura esculpida en la roca por los aztecas?
miércoles, 4 de noviembre de 2009
El racismo y la xenofobia
Racismo y xenofobia no significan lo mismo, aunque tengan elementos y reacciones en común. En términos generales, racismo es odiar o rechazar a otras personas por su raza, es decir, por ser distintos a nosotros o a nuestra más cercana comunidad. Los detalles en los que se asienta el racismo son el color de la piel, el hablar otro idioma o hablar nuestra lengua con acento. Una vez escribí en Alemania que mi (ligero) deje castellano al hablar alemán, que hacía que mis interlocutores alemanes me detectaran como "el otro", "el distinto", era como una piel que delatara que pertenecía a una etnia distinta. En honor a la verdad, en mis más de 40 años vividos en Alemania no he sido objeto de una clara discriminación racial. Al contrario, todos me trataban como a un igual, pero en ese "como" había subyacentes una serie de sutiles sentimientos, no todos negativos. He de apuntar aquí que existe un racismo negativo (rechazo) y un racismo positivo (el tratar a los otros como seres que necesitan una tutela, perdonándoles todas las faltas contra la sociedad que puedan cometer con una "explicación social", como puede comprobarse en algunas ongs y asociaciones en favor del "inmigrante"). El racismo, aparte de un fenómeno antihumanista, anticultural y repugnante, es, sin embargo, un fenómeno que pertece a la condición humana. No olvidemos que somos también parte del reino animal. Los animales, así pues, también el hombre, defienden por instinto su "territorio". Los perros marcan su "territorio" orinando en árboles y esquinas. Los leones, por poner otro ejemplo, defienden su territorio hasta que son tan viejos que su propio vástago lo expulsa de él.
Procuraré no emplear demasiado la palabra "extranjero". Todos somos extranjeros. Basta con que crucemos nuestras fronteras para adquirir esa categoría. Incluso en la Unión Europea existen los extranjeros comunitarios, es decir, los ciudadanos que pertenecen a la UE. Por eso, en Bruselas se decidió introducir una expresión nueva para resaltar el carácter de europero por encima de de "extranjero". Oficialmente se habla de "un ciudadano comunitario" o "un ciudadano de un país miembro de la Unión Europea". Todas las personas que quedan fuera de este denominación son "extranjeros". Pero volviendo al racismo. Este fenómeno no es privativo contra las personas de otro color de piel u otra lengua. También puede darse racismo en una misma nación. En España, en otros tiempos afortunadamente periclitados, existía auténtico racismo entre pueblos o aldeas vecinas, pero distintas. ¡Cuántas "guerras" no han librado los vecinos de Puerto Linares contra los de Casas Bajas! En los pueblos siempre se miraba a los de fuera, a los "forasteros", como "extranjeros", con las correspondientes sospechas e incluso, si se terciaba, agresiones. Y todavía hoy: ¿cómo se ve en algunas regiones a los gallegos, a los murcianos, a los andaluces? ¿No son los famosos chistes de Lepe una clara expresión de racismo? Y eso no ocurre solamente en España. En Alemania, que es el país que mejor conozco de Europa existe ese "racismo regional". "Prusiano" en Baviera puede ser casi un insulto. "Bávaro" en el norte de Alemania puede ser sinónimo de cateto, de pocas luces, rudo por su origen campesino. Colabora a esta discriminación el hecho de que el bávaro es una lengua casi incomprensible para el resto de los alemanes. Para el alemán medio el suabo es muy trabajador, pero también muy tacaño. A los sajones se les mira con antipatía por su acento. Podría multiplicar el número de ejemplos.
Existen varias clases de racismo: el étnico, el social y el económico. No es lo mismo un negro pobre que un negro rico, aunque en el fondón del alma de algunos, negro sigue siendo negro.
La inmigración ha incrementado el racismo en todos los países de Europa. Y lo malo es que inmigrantes ilegales se organizan en bandas criminales, lo que hace que el odio y el miedo de la sociedad identifique la parte con el todo. Si, por ejemplo, delincuentes rumanos cometen barbaridades, para la sociedad todos los rumanos son delincuentes, es decir peligrosos, lo cual es injusto. Mafias sudamericanas de narcotráfico no quiere decir, en absoluto, que todos los sudamericanos sean narcotraficantes. La gran mayoría de los inmigrantes observan una vida normal y respetuosa con la ley, pero sufren en su piel las consecuencias negativas sociales del delictivo comportamiento de determinados compatriotas.
La sociedad española no es racista. España, desde sus lejanísima historia, ha sido siempre un país acogedor. También ha cambiado bastante la mentalidad de países europeos con respecto a los inmigrantes, aunque en determinados países nórdicos, no muy grandes, han surgido partidos de corte fascista y racista contra los extranjeros. Uno de ellos, holandés, ha conseguido incluso un diputado en el parlamento. El miedo de estos países pequeños es que la afluencia masiva de "extranjeros" pueda mayorizar a la sociedad de acogida. Cuando el número de extranjeros sobrepasa los límites de la capacidad de asimilación de un país o de una sociedad, surge la alarma social y los choques.
Escribía al principio que racismo no era lo mismo que xenofobia, que es una palabra griega compuesta de los sustantivos "xenos" (extranjero, foráneo) y "fobia" (miedo). La xenofobia es pues el miedo al extranjero. Pero ¿no es también el racismo el miedo al otro, a lo que es dintinto a mí, al que cuestiona mi seguridad sobre mi terruño y, en definitiva, mi identidad? Este problema no puede solucionarse sólo policial- ni judicialmente, es preciso una intensa, objetiva y consecuente labor coordinada de sociólogos y psicólogos. Pero no caigamos en falsas disculpas frente a los "inmigrantes incorrectos": delincuentes no pueden ser exculpados ni defendidos en base a su "extranjería": esto es lo que denominaba "racismo positivo".
Procuraré no emplear demasiado la palabra "extranjero". Todos somos extranjeros. Basta con que crucemos nuestras fronteras para adquirir esa categoría. Incluso en la Unión Europea existen los extranjeros comunitarios, es decir, los ciudadanos que pertenecen a la UE. Por eso, en Bruselas se decidió introducir una expresión nueva para resaltar el carácter de europero por encima de de "extranjero". Oficialmente se habla de "un ciudadano comunitario" o "un ciudadano de un país miembro de la Unión Europea". Todas las personas que quedan fuera de este denominación son "extranjeros". Pero volviendo al racismo. Este fenómeno no es privativo contra las personas de otro color de piel u otra lengua. También puede darse racismo en una misma nación. En España, en otros tiempos afortunadamente periclitados, existía auténtico racismo entre pueblos o aldeas vecinas, pero distintas. ¡Cuántas "guerras" no han librado los vecinos de Puerto Linares contra los de Casas Bajas! En los pueblos siempre se miraba a los de fuera, a los "forasteros", como "extranjeros", con las correspondientes sospechas e incluso, si se terciaba, agresiones. Y todavía hoy: ¿cómo se ve en algunas regiones a los gallegos, a los murcianos, a los andaluces? ¿No son los famosos chistes de Lepe una clara expresión de racismo? Y eso no ocurre solamente en España. En Alemania, que es el país que mejor conozco de Europa existe ese "racismo regional". "Prusiano" en Baviera puede ser casi un insulto. "Bávaro" en el norte de Alemania puede ser sinónimo de cateto, de pocas luces, rudo por su origen campesino. Colabora a esta discriminación el hecho de que el bávaro es una lengua casi incomprensible para el resto de los alemanes. Para el alemán medio el suabo es muy trabajador, pero también muy tacaño. A los sajones se les mira con antipatía por su acento. Podría multiplicar el número de ejemplos.
Existen varias clases de racismo: el étnico, el social y el económico. No es lo mismo un negro pobre que un negro rico, aunque en el fondón del alma de algunos, negro sigue siendo negro.
La inmigración ha incrementado el racismo en todos los países de Europa. Y lo malo es que inmigrantes ilegales se organizan en bandas criminales, lo que hace que el odio y el miedo de la sociedad identifique la parte con el todo. Si, por ejemplo, delincuentes rumanos cometen barbaridades, para la sociedad todos los rumanos son delincuentes, es decir peligrosos, lo cual es injusto. Mafias sudamericanas de narcotráfico no quiere decir, en absoluto, que todos los sudamericanos sean narcotraficantes. La gran mayoría de los inmigrantes observan una vida normal y respetuosa con la ley, pero sufren en su piel las consecuencias negativas sociales del delictivo comportamiento de determinados compatriotas.
La sociedad española no es racista. España, desde sus lejanísima historia, ha sido siempre un país acogedor. También ha cambiado bastante la mentalidad de países europeos con respecto a los inmigrantes, aunque en determinados países nórdicos, no muy grandes, han surgido partidos de corte fascista y racista contra los extranjeros. Uno de ellos, holandés, ha conseguido incluso un diputado en el parlamento. El miedo de estos países pequeños es que la afluencia masiva de "extranjeros" pueda mayorizar a la sociedad de acogida. Cuando el número de extranjeros sobrepasa los límites de la capacidad de asimilación de un país o de una sociedad, surge la alarma social y los choques.
Escribía al principio que racismo no era lo mismo que xenofobia, que es una palabra griega compuesta de los sustantivos "xenos" (extranjero, foráneo) y "fobia" (miedo). La xenofobia es pues el miedo al extranjero. Pero ¿no es también el racismo el miedo al otro, a lo que es dintinto a mí, al que cuestiona mi seguridad sobre mi terruño y, en definitiva, mi identidad? Este problema no puede solucionarse sólo policial- ni judicialmente, es preciso una intensa, objetiva y consecuente labor coordinada de sociólogos y psicólogos. Pero no caigamos en falsas disculpas frente a los "inmigrantes incorrectos": delincuentes no pueden ser exculpados ni defendidos en base a su "extranjería": esto es lo que denominaba "racismo positivo".
martes, 3 de noviembre de 2009
La cruz no es una joya
A mí personalmente me produce un gran disgusto cuando veo cómo se utiliza la cruz como adorno personal, colgada del cuello de hembras y machos. Hay cruces de plata, de oro, de diamantes y de rubíes. La cruz era un infernal instrumento de tortura y muerte inventado por los romanos. Según unos historiadores de Tel Aviv, en tiempos de Poncio Pilatos no habrían existido aún las cruces. Los reos eran atados a un poste con un escaloncito de madera para que apoyasen alli los pies. Para acelerar la muerte de las víctimas, un soldado les propinaba una lanzada en el costado del que manaba la sangre como un manantial.
En tiempos del primer obispo de Roma, Pedro, se utilizaban no menos dolorosas cruces en forma de aspa. En una de esas cruces fue cruelmente ejecutado el jefe de los cristianos. Por entonces parece ser que los romanos también utilizaban ya la cruz que todos conocemos como símbolo del cristianismo.
En tiempos del primer obispo de Roma, Pedro, se utilizaban no menos dolorosas cruces en forma de aspa. En una de esas cruces fue cruelmente ejecutado el jefe de los cristianos. Por entonces parece ser que los romanos también utilizaban ya la cruz que todos conocemos como símbolo del cristianismo.
lunes, 2 de noviembre de 2009
El aborto
Me pregunta un amigo vasco que yo, como socialista, qué opino del aborto. Le contesto aquí. Por respeto a algo tan extraordinario y maravilloso como es la vida, estoy en contra del aborto generalizado. Sólo admito el aborto en los tres supuestos:
1.- Peligro mortal o para la salud de la madre.
2.- Malformación del feto.
3.- Violación, (y muy en especial de menores).
Me parece una aberración que una menor pudiese abortar sin que lo sepan sus padres. Si la menor es ya lo suficientemente "madura" para hacer el amor, también ha de ser madura para conocer la existencia de la píldora anticonceptiva, y si no la tolera, de los preservativos, que son más seguros de lo que pretende hacer creer la Iglesia católica. También me parece un disparate que una menor pueda comprar la píldora para el día después sin conocimiento de sus progenitores, a quienes, por otra parte, les corresponde el deber de ilustrar a sus hijas (e hijos) sobre el sexo. En este terreno tan sensible no puede dejarse este tema exclusivamente en manos de los maestros o profesores.
Eso sí, para una mujer normal, abortar no es un placer, sino una dolorosa decisión. La sociedad no debe "lapidar" a las mujeres que abortan, sino expresarles todo su apoyo y darles el calor humano que necesitan.
1.- Peligro mortal o para la salud de la madre.
2.- Malformación del feto.
3.- Violación, (y muy en especial de menores).
Me parece una aberración que una menor pudiese abortar sin que lo sepan sus padres. Si la menor es ya lo suficientemente "madura" para hacer el amor, también ha de ser madura para conocer la existencia de la píldora anticonceptiva, y si no la tolera, de los preservativos, que son más seguros de lo que pretende hacer creer la Iglesia católica. También me parece un disparate que una menor pueda comprar la píldora para el día después sin conocimiento de sus progenitores, a quienes, por otra parte, les corresponde el deber de ilustrar a sus hijas (e hijos) sobre el sexo. En este terreno tan sensible no puede dejarse este tema exclusivamente en manos de los maestros o profesores.
Eso sí, para una mujer normal, abortar no es un placer, sino una dolorosa decisión. La sociedad no debe "lapidar" a las mujeres que abortan, sino expresarles todo su apoyo y darles el calor humano que necesitan.
Los Evangelios
Si prescindimos de todo lo fantástico e infantilmente sobrenatural, los Evangelios son una bella y dramática leyenda, en cuya sustancia hay muchas ideas del posterior socialismo. El fallecido exponente de la socialdemocracia alemana, Willy Brandt, consideraba el Sermón de la Montaña (tomado de la religión egipcia de Isis, Osiris y Horus, tres mil años antes de la era cristiana) como una piedra angular de la filosofía del socialismo democrático,
Los Evangelios fueron escritos desde finales del siglo I y durante el siglo II por un equipo de narradores judíos, que "enriquecieron" el texto con fragmentos de notas manuscritas en papiros por presuntos discípulos del predicador Jesús. La diversidad de los autores y de las fuentes copiadas han sido la causa de que los Evangelios contengan numerosas contradicciones, registradas por eruditos e investigadores. Citamos una contradicción muy acorde con estas fechas de noviembre. En "Universion.com" se reseña:
Mateo 27: 51-53
51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hundieron.
52 Se abrieron los sepúlcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
53 Y, saliendo de los sepúlcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
La pregunta que se impone es: ¿cómo es posible que de haber habido muertos resucitados y caminando por las calles de Jerusalén, nadie más que Mateo se enteró? Ningún otro de los evangelistas menciona este fantástico despliegue de imaginación.
Existe una intensa polemica entre teólogos e investigadores sobre la autoría de los Evangelios. Los investigadores de religiones Timothy Freeke y Peter Gandy opinan que el colectivo de escritores de los Evangelios escogería algunos nombres escritos en los papiros de quienes se decían "testigos" de unos hechos, que habrían acaecido unos 90 años antes de ser consignados por escrito, o bien, pusieron los nombres que les pareció más adecuados.
La verdad ya nunca se sabrá. Pero ha quedado una leyenda, que después de dos mil años tiene ya vida propia y en la que creen más de dos mil millones de cristianos en todo el mundo.
Los Evangelios fueron escritos desde finales del siglo I y durante el siglo II por un equipo de narradores judíos, que "enriquecieron" el texto con fragmentos de notas manuscritas en papiros por presuntos discípulos del predicador Jesús. La diversidad de los autores y de las fuentes copiadas han sido la causa de que los Evangelios contengan numerosas contradicciones, registradas por eruditos e investigadores. Citamos una contradicción muy acorde con estas fechas de noviembre. En "Universion.com" se reseña:
Mateo 27: 51-53
51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hundieron.
52 Se abrieron los sepúlcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
53 Y, saliendo de los sepúlcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
La pregunta que se impone es: ¿cómo es posible que de haber habido muertos resucitados y caminando por las calles de Jerusalén, nadie más que Mateo se enteró? Ningún otro de los evangelistas menciona este fantástico despliegue de imaginación.
Existe una intensa polemica entre teólogos e investigadores sobre la autoría de los Evangelios. Los investigadores de religiones Timothy Freeke y Peter Gandy opinan que el colectivo de escritores de los Evangelios escogería algunos nombres escritos en los papiros de quienes se decían "testigos" de unos hechos, que habrían acaecido unos 90 años antes de ser consignados por escrito, o bien, pusieron los nombres que les pareció más adecuados.
La verdad ya nunca se sabrá. Pero ha quedado una leyenda, que después de dos mil años tiene ya vida propia y en la que creen más de dos mil millones de cristianos en todo el mundo.
domingo, 1 de noviembre de 2009
La Guardia Civil
Durante la dictadura de Franco, la Guardia Civil fue la policía más odiada y más temida en la sociedad española por la dureza de sus métodos represivos contra los enemigos del régimen franquista. Uno de los poco honrosos cometidos de la llamada Benemérita era buscar, capturar y devolver a sus maridos a las mujeres que habían abandonado el hogar conyugal. Así ocurría también en los tiempos de Franco. Hoy, después de 31 años de democracia en España, las jóvenes generaciones de guardias civiles (entre las que también prestan servicio mujeres) disfrutan de las simpatías y el reconocimiento de los ciudadanos españoles por su eficacia y corrección.
La Guardia Civil es uno de los mejores cuerpos de seguridad del Estado no sólo en España, sino de Europa. La Guardia Civil (jugándose la vida) está en primera línea de la lucha contra el terrorismo etarra y su cooperación con la policía francesa es ejemplar. Guardias civiles luchan con éxito contra el crimen organizado y desarticulan redes mafiosas españolas y extranjeras, que actúan en los campos de la droga, la prostitución y de todo tipo de contrabando. Gracias a la rápida y eficaz intervención de estos agentes pueden salvarse vidas de inmigrantes ilegales, cuyas pateras o cayucos zozobran en las proximidades de las costas españolas. Y el tráfico en España, pese al elevado número de víctimas mortales, es, a fin de cuentas, más seguro porque la Guardia Civil vela por el cumplimiento de las normas del tráfico en el marco de lo humanamente posible. Los guardias civiles son severos, pero nunca pierden las buenas maneras.
Recientemente, CC OO pedía que se le aumentase el sueldo a los guardias civiles, que cobran menos que un policía nacional o local. La petición del sindicato coincide con la reivindicación de la organización que representa los intereses de los guardias civiles. Otro punto en el que existe coincidencia es la petición de que se desmilitarice a la Guardia Civil. Muchos ciudadanos no comprenden por qué en una democracia un cuerpo de policía esté militarizado.
La Guardia Civil es uno de los mejores cuerpos de seguridad del Estado no sólo en España, sino de Europa. La Guardia Civil (jugándose la vida) está en primera línea de la lucha contra el terrorismo etarra y su cooperación con la policía francesa es ejemplar. Guardias civiles luchan con éxito contra el crimen organizado y desarticulan redes mafiosas españolas y extranjeras, que actúan en los campos de la droga, la prostitución y de todo tipo de contrabando. Gracias a la rápida y eficaz intervención de estos agentes pueden salvarse vidas de inmigrantes ilegales, cuyas pateras o cayucos zozobran en las proximidades de las costas españolas. Y el tráfico en España, pese al elevado número de víctimas mortales, es, a fin de cuentas, más seguro porque la Guardia Civil vela por el cumplimiento de las normas del tráfico en el marco de lo humanamente posible. Los guardias civiles son severos, pero nunca pierden las buenas maneras.
Recientemente, CC OO pedía que se le aumentase el sueldo a los guardias civiles, que cobran menos que un policía nacional o local. La petición del sindicato coincide con la reivindicación de la organización que representa los intereses de los guardias civiles. Otro punto en el que existe coincidencia es la petición de que se desmilitarice a la Guardia Civil. Muchos ciudadanos no comprenden por qué en una democracia un cuerpo de policía esté militarizado.
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